Recostando en un sofá su delgado y deshidratado cuerpo, el opositor cubano Guillermo Fariñas asegura que seguirá hasta la muerte una huelga de hambre y sed que cumple medio mes y desafía a una revolución que defendió en el pasado y con la que su madre sigue simpatizando.
«No apoyo esta huelga ni comparto la ideología de mi hijo», dice su madre Alicia Hernández, una enfermera jubilada de 75 años, que curó heridos en la batalla de Santa Clara, dirigida por Ernesto Che Guevara en 1958 y también durante la invasión de Bahía de Cochinos, en 1961.
Fariñas fue acusado públicamente por las autoridades de «agente de Estados Unidos», «contrarrevolucionario» y antisocial «violento», los más fuertes calificativos políticos en la isla.
De baja estatura, la mujer mulata de piel y blanca en canas se lamenta de no haber podido «convencer» a Fariñas para que deponga su protesta. «Pero no lo podemos dejar abandonado», aclaró con firmeza y dolor.
Jadeante, de hablar lento, pero coherente, Fariñas recibe en su casa de Santa Clara (280 km el este de La Habana) a periodistas, diplomáticos y compañeros de causa opositora, y rechaza deponer la protesta, lo que han pedido su esposa -también periodista opositora- y su hija de 8 años.
Desde que inició la protesta el 24 de febrero –tras la muerte del preso político Orlando Zapata luego de una huelga de hambre–, Fariñas se ha debilitado visiblemente.
El opositor -periodista y psicólogo de 48 años- mide 1,83 metros, pesaba 71 kg y ahora pesa 58.
«Le estamos pidiendo (al gobierno) un gesto de buena voluntad hacia 26 presos políticos que se están muriendo en las prisiones», declaró al explicar los motivos de su protesta a la AFP.
Ex militar de tropas de élite, herido en la guerra de Angola en los años 80 y militante de la Unión de Jóvenes Comunistas, Fariñas fue un partidario radical de Castro hasta los 90, cuando se distanció hasta llegar a la disidencia.
«No estamos pidiendo que Raúl Castro entregue el poder», añadió, en la pequeña sala de su casa en el barrio humilde «La Pastora».
Según el diario oficial Granma, Fariñas «transita de una posición afín a la revolución a una conducta antisocial».
El médico opositor Ismel Iglesias, quien lo examina a intervalos, advierte que «por su avanzado deterioro físico» el shock hipoglucémico que le produjo un desmayo hace ocho días «podría sobrevenir en cualquier momento».
Fariñas mostró a la AFP cicatrices de bala en su espalda y una pierna, heridas que sufrió en Angola, desde donde fue enviado a la Unión Soviética a un curso de paracaidismo militar. Tras un accidente en la URSS, fue licenciado y comenzó a estudiar psicología.
Sostiene que sus conocimientos de supervivencia le ayudan a mantenerse sereno durante las prolongadas huelgas de hambre que realiza -esta es la número 23-.
Los presentes en la casa advierten que una cámara de video colgada de un poste eléctrico a unos 80 metros parece grabar cada movimiento de entrada y salida.
En Santa Clara, una ciudad de 280 mil habitantes, muchos saben de la huelga de Fariñas, pero pocos opinan.
«Un muchacho muy correcto, buen vecino. ¡Dios quiera no muera!», dijo María Julia Fleitas, de 86 años y quien lo conoce «desde muy pequeñito», a la AFP.
«Es un buen vecino, nunca ha tenido problemas con nosotros ni en el barrio, es su forma de pensar, en eso no me meto», dice por su parte Analeida Rodríguez, una camarera de 37 años.
Granma consideró que la huelga de Fariñas era un «chantaje» inaceptable, y lo responsabilizó de las consecuencias que pueda tener. Según el propio psicólogo, será la muerte.
Los Parlamentos de Cuba y la Unión Europea (UE) cruzaron críticas este jueves debido a la condena europea a la muerte del preso político Orlando Zapata tras una huelga de hambre, avivando tensiones que pueden poner en peligro su diálogo.
La Asamblea Nacional de Cuba, de 640 diputados simpatizantes del partido único en el gobierno, reaccionó «ofendida» a la condena europea, y el jueves entregó a la prensa una declaración en la que rechaza «la imposición, la intolerancia y la presión como norma en las relaciones internacionales».
Más temprano la eurocámara había condenado «duramente la muerte evitable y cruel» de Zapata tras una huelga de hambre de 85 días. Además, alertó sobre el «fatal desenlace» al que se expone el disidente Guillermo Fariñas, que inició el mismo tipo de protesta hace 15 días.
Zapata, un albañil negro de 42 años considerado «prisionero de conciencia» por Amnistía Internacional, falleció por los efectos de la huelga de hambre que inicio en diciembre en protesta por las malas condiciones carcelarias, en un hecho que levantó consternación internacional.
El presidente Raúl Castro y ahora el Parlamento dijeron que lamentaban el fallecimiento, y responsabilizaron a Estados Unidos.
«Este hecho lamentable no puede ser utilizado para condenar a Cuba aduciendo que pudo haber evitado una muerte», dijo la Asamblea.
La condena europea estuvo precedida de «una campaña concertada por poderosas empresas mediáticas, fundamentalmente de Europa, que han atacado ferozmente a Cuba».
La huelga de Fariñas -psicólogo y periodista opositor de 48 años- exigiendo la liberación de 26 presos políticos enfermos, fue calificada de «chantaje» inaceptable por el diario oficial Granma, que lo responsabilizó de sus consecuencias.
Fariñas, un ex militar de tropas de élite que peleó en los años 80 en Angola, rechazó peticiones de deponer su protesta de disidentes y diplomáticos españoles, que le han ofrecido asilo en Madrid.
Cuba acusó a Europa de «profundo cinismo» por levantar el caso de Zapata mientras «incumple sus compromisos» de ayuda al desarrollo, lo que afecta vidas de niños, y «reprime» a inmigrantes y desempleados.
«No tienen moral aquellos que participaron o permitieron el contrabando aéreo de detenidos, el establecimiento de cárceles ilegales y la práctica de torturas, para evaluar a un pueblo agredido y brutalmente bloqueado», dijo la Asamblea.
La controversia parlamentaria se produce cuando España, en la presidencia semestral de la UE, intenta llevar al bloque al diálogo con Cuba y derogar la Posición Común de 1996, un impedimento -según el gobierno cubano- para normalizar relaciones.
Dicha Posición Común condiciona la ayuda europea a Cuba a cambios democráticos y en derechos humanos. Algunos de los 27 países comunitarios están por sostenerla en espera de señales concretas.
También a instancias de España, la UE derogó en junio de 2008 las sanciones impuestas a La Habana por la condena a 75 disidentes en la primavera de 2003.
En octubre de 2008, ambas partes restablecieron la cooperación y el diálogo político, incluyendo derechos humanos, relación que, a juicio de diplomáticos en La Habana, podría verse entorpecida.
«Condena tan discriminatoria y selectiva, solo puede explicarla el fracaso de una política incapaz de poner de rodillas a un pueblo heroico», dijo el Parlamento cubano, al señalar que la Posición Común, como la norteamericana ley Helms-Burton, que recrudece el embargo, «no tienen el más mínimo futuro».