Familia y la enfermedad mental


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Abordar el contexto familiar de una persona con una enfermedad mental ayuda a que exista un índice menor de recaídas de su padecimiento. Además la familia se somete a una carga de estrés considerable al tratar de comprender y convivir con la persona enferma. Es por ello que en la actualidad las intervenciones familiares han encauzado un auge.

Dra. Ana Cristina Morales


En primer lugar, existe un grado relevante de estigmatización ante la enfermedad mental.  Una tendencia que agudiza el rechazo de un diagnóstico psiquiátrico y el seguimiento de un plan de tratamiento.  La persona enferma y su familia no se encuentran exentas de poseer también prejuicios que dificulten el tratamiento y el seguimiento de la dolencia psiquiátrica.

Si no existe un reconocimiento y una aceptación de la enfermedad, los medios terapéuticos tanto psicológicos como farmacológicos para su abordaje,  llegan a ser desechados. Lo que complica la situación de vivencia para el paciente, para la familia y también para la sociedad.  Impresiona el hecho que aun gente con estudios académicos incluso post-universitarios, gozan también de desconciertos acerca de la enfermedad mental. Pero la realidad resulta innegable, en tanto, a los resultados que provee el tratamiento psiquiátrico a las personas enfermas.  Ya que este contribuye a que las ellas remitan sus síntomas, se adapten mejor socialmente y procuren el goce de su vida.

Los factores de origen de la enfermedad mental se consideran múltiples, existe una concepción de elementos biológicos, psicológicos, sociales y espirituales,  que se conjugan para que se produzca ésta. Los mecanismos fisiopatológicos explicativos y demostrativos para dicha enfermedad no se hacen tan evidentes y manifiestos como para las otras enfermedades de tipo físico.  El diagnóstico psiquiátrico hasta el momento,  se realiza en tanto la historia, la evolución y las manifestaciones clínicas del desorden.  Y las personas desearían la involucración de medidas diagnósticas más  objetivas para el mismo.

Se considera la existencia de un factor de vulnerabilidad biológica para el aparecimiento de la enfermedad mental.  Que es disparado en la mayoría de ocasiones por factores de estrés psicosocial.  En donde el contexto familiar, la comunicación, las maneras de relación y de resolución de conflictos juegan un papel importante.  Los problemas dentro de la familia pueden dificultar la buena evolución del tratamiento psiquiátrico y la adherencia al tratamiento de los pacientes.

Trabajos de investigación han referido posibles situaciones de estrés en el hogar que guardan relación con una elevada tasa de recaídas en la sintomatología de los pacientes. Y dieron cabida a la construcción del concepto de la emoción expresada, que hace referencia a comportamientos expresados por los familiares en la convivencia con el paciente.  Caracterizados por elevada crítica, hostilidad y la sobreimplicación emocional dirigida hacia éste, que han demostrado correlación en el agravamiento de síntomas y la necesidad de rehospitalizaciones.

Las intervenciones familiares se encuentran dirigidas a cambiar entornos adversos en el hogar, a reforzar la capacidad de enfrentamiento para la vida y a la psicoeducación. Esta última,  para dar a conocer el desorden y modificar actitudes familiares y de los propios pacientes hacia la enfermedad. Y tratan también de apoyar a la familia en la disminución del estrés que puede implicar el convivir con el paciente.  Se le ayuda a adquirir una mejor calidad de vida y a que se estructuren de una manera más armoniosa, a que apliquen  prácticas de autocuidados para su propia salud y mantengan una conducta esperanzadora. 

La descripción de estas intervenciones es ampliamente validada en los trastornos psiquiátricos definidos de “mayor gravedad” como podría ser la esquizofrenia y el trastorno afectivo bipolar.  Pero es de considerar este tipo de intervención para todos los desórdenes mentales.