Falta de madurez y de criterio


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En la vida personal, en familia, en nuestro trabajo o en los negocios si no queremos aumentar nuestros problemas lo mejor es contar hasta tres antes de tomar decisiones precipitadas que, en vez de resolverlos vendrán a complicarlos todavía más. Por principio, para gobernar un país, tampoco es aconsejable dejarnos llevar por impulsos emocionales de cualquier naturaleza, al contrario, con mayor ahínco, es donde debe aplicarse la madurez y buen criterio si lo que buscamos son mejores resultados.

Francisco Cáceres Barrios
fracaceres@lahora.com.gt


Lo anterior lo traigo a colación por la decisión presidencial de ordenar a sus Ministros desatender las invitaciones o citaciones del Organismo Legislativo.
   
    Si me pongo en los zapatos presidenciales entenderé que las actitudes de buena parte de la oposición en el Congreso son para sacar de sus casillas a cualquiera, aparte que el comportamiento de la mayoría diputados no es precisamente la más ética, moral o de principios, por lo que comprendo el ánimo del Presidente al haber dicho “no quiero ver Ministros que estén asistiendo al Congreso y dejen de atender a la población, que es a la que nosotros nos debemos”, pero ¿para qué contar con asesores o colaboradores si no son capaces siquiera de explicarle la norma constitucional que obliga a los ministros a asistir a sesiones del Congreso, comisiones o bloques legislativos, incluso teniendo la posibilidad de poder hacerse representar por los viceministros? ¿Por qué no contar hasta tres antes de cometer exabruptos que, en vez de arreglar la pugna Ejecutivo-Legislativo, la complica todavía más quedando ante la opinión pública como desconocedor de las normas que nos rigen?

    Claro, también comprendo que ejerciendo el poder, con el paso del tiempo, podrá llenársele de humo la cabeza a cualquiera hasta el punto de impedirle pensar que este se hizo para ejercerlo y no para contemplarlo. Pero ese comportamiento para dirigir un gobierno no es precisamente el de un estadista, mucho menos de alguien que habiendo ganado experiencia en el transitar los pasillos palaciegos debe haber aprendido que no son tan fáciles de resolver haciendo berrinches o tomando las cosas a la ligera. Para mí que hay que hacer todo lo contrario, aquí cabe precisamente el uso correcto de la inteligencia, como también de la perspicacia hasta llegar a tomar decisiones que hagan que su gobierno en verdad vaya para adelante y no siga como el cangrejo. De ahí que el mejor jugador de cartas tomaría el mazo, lo barajaría con calma e iría colocando cada una en el lugar más conveniente a manera de ir consolidando, paso a paso, una reforma legal que llevara al país a un mejor ejercicio de su incipiente democracia, empezando con reformar, con madurez y buen criterio, el mal funcionamiento de un Congreso que, en la práctica, lo que menos hace es representar debidamente a la población que lo elige. ¿O se busca dar otro Serranazo?