El campus de la universidad Virginia Tech se vio brevemente agitado la mañana del miércoles por una nueva alerta, que se comprobó sin fundamento, cuando la policía intervino con perros en el edificio administrativo de la institución.
«Â¡O Dios mío, vuelve a empezar!», gritó Petty Wingler, una estudiante de 21 años, testigo de la llegada precipitada de policías armados acompañados de perros al edificio aledaño al Norris Hall, donde el lunes murieron más de 30 personas por el ataque de un estudiante armado.
La policía recibió un llamado en la mañana vinculado a un movimiento «desacostumbrado» en el edificio Burruss Hall, donde funciona la dirección de la universidad.
«Tuvimos información de una actividad sospechosa. Esta se demostró infundada, el sitio es seguro», indicó un policía frente al edificio y ante una multitud de periodistas presentes por el anuncio del despliegue de las fuerzas del orden.
«En vista de lo que sucedió en el campus, no es extraño recibir este tipo de llamadas», explicó una portavoz de la policía, Corinne Geller, haciendo referencia a la conmoción que provocó la matanza de Norris Hall.