Las siamesas que fueron separadas exitosamente tras una maratónica operación de casi 20 horas, se recuperan satisfactoriamente de la intervención que desunió su tórax, abdomen y pelvis, informó hoy el cirujano Francisco Ossandón, jefe del verdadero ejército de profesionales que las operó.
Sin embargo, el cirujano no descartó futuras dificultades por efecto de la anestesia y eventuales infecciones.
El doctor Ossandón, jefe del equipo de 25 cirujanos que operó a María Paz y a María José, dijo en rueda de prensa que las niñas de 10 meses de edad están «estables» y descansan en la Unidad de Cuidados Intensivos, UCI, del hospital infantil Luis Calvo Mackenna, tras la intervención iniciada a las 08.00 horas de ayer y concluida en la madrugada de hoy.
«Ambas han podido ser separadas con éxito. Tuvimos bastantes dificultades durante la cirugía, hubo algunas sorpresas, pero se lograron adecuar, solucionar sin problemas».
Afirmó que María Paz y María José «salieron en buenas condiciones».
Empero, Ossandón explicó que «están expuestas a posibles futuras complicaciones, que son las metabólicas, secundarias a la anestesia y operación tan prolongada, y a las infecciones que se suelen presentar varios días después de la operación».
«Por la magnitud de la operación, por el éxito logrado en la separación, estamos muy contentos porque creemos que han hecho la mejor evolución que podíamos haber esperado para ellas».
Precisó que María Paz y María José deberán regresar al quirófano cada 48 ó 72 horas para limpiar sus heridas.
Ossandón anunció el siguiente parte médico para alrededor del mediodía, 15.00 gmt.
La complejidad de la operación fue tal que el director del hospital, doctor Osvaldo Artaza, dijo el martes que existía un 50% de posibilidades de que una o ambas niñas murieran durante la intervención.
Las niñas están conectadas a un respirador artificial y permanecerán sedadas al menos unas 72 horas.
Las bebés pesan siete kilos y desde que nacieron, en febrero, no han estado nunca en su hogar de Loncoche, 760 kilómetros al sur de Santiago.
El médico calificó la separación de las exsiamesas como un verdadero «renacer» para las niñas.
La decisión de practicar la difícil cirugía fue impulsada con el fin de mejorar su calidad de vida, ya que en su corta vida siempre estuvieron conectadas a aparatos y a un respirador artificial.
Es probable que Jessica Navarrete y Roberto Paredes, los padres de las niñas, puedan acariciar en las próximas horas a sus hijas.
La última imagen de los Navarrete Paredes es del martes temprano, cuando acariciaron y besaron a sus hijas, con la esperanza de que tendrían, una vez más la fortaleza de superar otra operación, la más dura de las ocho que han enfrentado.
Jessica dijo en la víspera que: «Un milagro de Dios es lo que espero», mientras su esposo Roberto declaró que «han salido de hartas situaciones adversas y si han salido adelante de eso, cómo se van a quedar atrás ahora».
Desde marzo a la fecha María Paz y María José han resistido ocho operaciones: una para separar sus vías urinarias; otra para dividir la extremidad que compartían, tres para «reposicionar vías», una para tratar una malformación cardiaca que afecta especialmente a María Paz.
María José quedará sin su intestino bajo, así que vendrán nuevas intervenciones para ella, y otras para su hermana, que sigue con problemas cardiorrespiratorios.
Francisco Ossandón
Médico