Expolio del Palacio de verano


China pidió esta semana a museos y coleccionistas de todo el mundo que restituyan los tesoros robados en 1860 en el Palacio de Verano de Pekí­n, pero este llamamiento con acentos nacionalistas tiene muy pocas probabilidades de obtener resultados, aseguran los expertos.


Muy improbable, dicen, que el parisino Museo del Ejército devuelva el espléndido traje militar del emperador Qianlong, ni que el Victoria and Albert Museum de Londres mande de vuelta obras sobre las que pesa la sospecha de haber sido sustraí­das en el Yuanmingyuan («Jardí­n de la perfecta claridad», ex Palacio de Verano).

«Visto que es casi imposible que instituciones y particulares de Occidente respondan favorablemente, este llamamiento se dirige evidentemente al interior del paí­s, los dirigentes chinos esperan galvanizar a la Nación», asegura a la AFP John Wong, profesor de historia de la Universidad de Sydney.

Hace 150 años, en plena segunda Guerra del Opio, el cuerpo expedicionario franco-británico devastó los edificios y los jardines encargados por los emperadores Yongzheng y Qianlong. Los peores saqueos se produjeron el 18 y 19 de octubre de 1860.

En China, cada aniversario de la destrucción de esta «maravilla del mundo» (en palabras de Victor Hugo) suscita fervor nacionalista porque este acontecimiento supone para los chinos una humillación tenaz.

Pekí­n estima que millón y medio de piezas fueron expoliadas por la soldadesca, botí­n exagerado según el historiador Bernard Brizay, autor de una obra sobre el saqueo del Palacio de Verano.

La razzia además no fue tan simple como querrí­a hacer creer la versión oficial, explica: «Está lo que fue robado en Yuanmingyuan y está lo que fue vendido por anticuarios de Pekí­n.

Dicho con otras palabras, objetos sustraí­dos en el Yuanmingyuan -porcelanas, esmaltes, cloisonnés, esculturas, muebles, pinturas en seda, etc.- pudieron ser adquiridos legalmente mucho después, como sucedió con dos famosos bronces de la colección Yves Saint Laurent-Pierre Bergé.

En febrero de 2009, la venta (finalmente abortada) por Christie»s de esas cabezas de rata y conejo habí­a provocado una polémica ya que China reclamaba su restitución.

El Yuanmingyuan recomendaba el lunes el «boicoteo» de las subastas que propongan lotes del antiguo Palacio de Verano. Una posición de principio que parece vana.

«Todos los meses, en Londres, Hong Kong, Parí­s o Nueva York se venden cosas del Yuanmingyuan. Y cuando se sabe que vienen del Yuanmingyuan, suben los precios», subraya Brizay.

También él cree que el llamamiento para que se devuelvan los trofeos de guerra es propagandí­stico: «Lo que se encuentra en los museos nunca volverá a China», asegura.

Los museos son «reticentes» a indicar la procedencia de sus colecciones, añade, aunque a veces posean «cosas muy identificables».

Numerosas obras maestras del museo chino de la emperatriz Eugenia en Fontainebleau, cerca de Parí­s, vienen del palacio de Verano, como un álbum inestimable que contiene «cuarenta vistas del Yuanmingyuan» conservado en la Biblioteca Nacional francesa.

En octubre de 2009, Pekí­n habí­a anunciado el enví­o al extranjero de equipos encargados de censar las piezas robadas en el Palacio de Verano.

Chen Mingjie, director del Yuanmingyuan, habí­a evocado «2.000 museos de 47 paí­ses» y citó sobre todo el British Museum. Un año después los inventarios se encuentran en punto muerto.

El museo Guimet de Parí­s, por ejemplo, no ha recibido ninguna solicitud en tal sentido, dijo a la AFP Jean-Paul Desroches, conservador jefe.

Admite «no poder certificar» que su museo no posea alguna pieza proveniente del Yuanmingyuan. Pero, si así­ fuese, se tratarí­a de «prácticamente nada».

Francia abogó esta semana en favor de «un estudio sereno» de la tragedia» del Palacio de Verano y subrayó que la UNESCO era el «marco jurí­dico» para las demandas de retorno de obras de arte.