Los cinco países que históricamente formaron la Capitanía General de Guatemala han venido planteando y replanteando, desde antes de su independencia, si son o no una nación, un área de integración y como consecuencia de ello, un área digna de inversión y desarrollo, aunque sea en parte, como lo que han logrado otras regiones.
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Cuando se cuantifica y suma el Producto Interno Bruto de cada uno de nuestros países, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, comprobamos que no andamos ni cerca de ser un polo que atraiga la inversión internacional como lo hace México, Brasil, Chile, Perú, Colombia o Argentina. Somos un cachorro que da vueltas tratando de pescarse la cola.
Se reúnen los presidentes, los vicepresidentes, los cancilleres y demás ministros pero nada en dos platos. Están mucho más integradas las cúpulas empresariales, ejemplo de ello es cómo apoyaron el golpe que derrocó a Manuel Zelaya, en Honduras, y criticaron el que no se aceptara dicho rompimiento constitucional.
Cuántos años hace que se estableció la Organización de Estados Centroamericanos, el Mercado Común Centroamericano y que en Esquipulas I se plantearon las bases de una nueva integración, asignándose a El Salvador la sede de la Secretaría de Integración Centroamericana, SICA; a Nicaragua la Corte Centroamericana de Justicia; a Honduras el Banco Centroamericano de Integración Económica, BCIE; y a Guatemala el Parlamento Centroamericano.
De qué sirve que exista esa infraestructura inicial si permanentemente se está regateando su consolidación y desarrollo. Costa Rica se integra pero no se integra, Panamá se incorporó y hoy el actual presidente, arbitraria e improcedentemente, trata de hacer las de Costa Rica: sí a lo que quiero y no a lo que no quiero. Belice juega a que es medio inglés, políticamente caribeño aun cuando geográfica y racialmente, en buena parte, es un área de la Capitanía General de Centroamérica. Podría decirse que es República Dominicana la que con mayor sinceridad y voluntad entiende que debe de integrarse al futuro de Centroamérica en todo, no a medias.
Cuándo existirá de nuevo un Francisco Morazán, un Justo Rufino Barrios o por lo menos un Miguel Ydígoras Fuentes que con seriedad retome el tema de la integración. Todos los partidos políticos de Centroamérica están presentes en el Parlacen, ¿qué otro foro tiene esa trascendencia? Ninguno, ni siquiera las cúpulas de empresarios organizados pueden decir que todas las cámaras de comercio, industria, agricultura, finanzas y construcción se reúnen en un solo organismo centroamericano. Lamentablemente, al Parlacen no le dan las facultades que paulatinamente pudieran llevarnos hacia un sistema político y económico como el europeo.
Los gobiernos deben de adoptar una clara decisión, de no ser así el desarrollo económico, el desarrollo político, la integración social de Centroamérica seguirá como una bola de ping-pong, sin peso, rebotando y saltando de un lado para otro.
En lo único en que Centroamérica coincide es en la exportación de migrantes hacia el norte y en la enorme dependencia que la mayoría de los centroamericanos tienen de las remesas familiares. Qué es más importante, hacer que caminemos juntos o continuar permitiendo que caminemos todos separados y sigamos siendo el juguete de los más fuertes.
Invertir en la integración política, social y económica es una decisión inteligente y conveniente aun para los que la critican. Hablar de diálogo y búsqueda de consensos no debe de hacerse de forma desordenada, el Parlacen es el órgano político por excelencia. Dejemos de ser cangrejos.