Las abundantes manifestaciones de descontento de los campesinos organizados, que hoy tomaron puntos neurálgicos de la red de carreteras para ejercer presión en sus demandas de atención a necesidades ya expresadas a las autoridades, nos demuestra que no se ha logrado realmente avanzar en generar la cohesión social y que se mantienen las diferencias entre grupos que se sienten marginados y que no reciben la atención que se brinda a otros con criterios puramente clientelares.
Mucha de la demanda campesina es relacionada con cuestiones estructurales que ameritan un acuerdo de la sociedad en su conjunto para buscar las soluciones pertinentes. Se trata, por lo general, de viejos reclamos que han sido desatendidos a lo largo de muchos años y que no cuadran en la política de cohesión social, orientada en teoría a atender a los más pobres y necesitados.
Y es que una cosa es el impulso de programas clientelares que tienen objetivo político-electoral bien claro y definido y otra muy distinta el enfrentar viejas deficiencias estructurales que tienen que ver precisamente con las oportunidades para la gente menos favorecida por la fortuna. Es importante recapacitar sobre el diseño de un programa que habla de cohesión social, pero que de ninguna manera apunta a lograr que los guatemaltecos de todos los niveles sociales encontremos elementos para alcanzar justamente la cohesión que nos lleve a todos a sentir los beneficios del bien común.
Nos quejamos los guatemaltecos por las molestias que significa la toma de carreteras y como eso dificulta la vida cotidiana porque impide la libre movilización de la gente trabajadora. Pero no reparamos en que esas medidas de hecho se vuelven indispensables por la indiferencia de las autoridades que no muestran ningún interés por resolver viejos problemas. Si tomando carreteras cada cierto tiempo no reciben atención, ya nos podemos imaginar cuál sería la actitud de las autoridades si el reclamo se hiciera únicamente por la vía normal, mediante memoriales entregados a las dependencias que en teoría tienen la responsabilidad de resolver esas peticiones de la población
La falta de respuesta e interés por atender problemas añejos es la causa principal de estos disturbios al orden público que afectan a la población. Pero debemos reconocer que es la indiferencia de quienes tienen la responsabilidad de administrar la cosa pública la causa esencial de los bloqueos de carreteras porque, repetimos, esa medida de hecho se convierte en acción desesperada para impedir que sigan invisibilizados los reclamos que a cada rato tienen que repetir los grupos campesinos.