Hoy publicamos un trabajo en el que se evidencia la desesperación y frustración de las víctimas de la violencia que no tienen el menor interés en el curso de los acontecimientos nacionales, especialmente la política, puesto que ya perdieron lo más valioso que es la vida del ser querido. Un experto no dice que si no se puede crear ciudadanía convenciendo al ciudadano de que el Estado está allí para preservarle la vida, no le podemos demostrar la utilidad de la existencia misma del Estado.
Diariamente vemos el drama de decenas de familias que pierden un ser querido ante la indiferencia de autoridades que no atinan o no quieren encarar el problema de cumplir con el mandato constitucional. El primer artículo de nuestra Constitución establece que el Estado se organiza para proteger a la persona humana y tristemente en nuestro caso la primera prueba fehaciente de que no funciona el Estado la da la cifra de la violencia, la estadística de la muerte, puesto que es obvio que no hay tal protección y que los habitantes de la República de Guatemala están a la mano de Dios, confiando su existencia a poderes sobrenaturales porque no hay poder humano capaz de garantizarle la vida.
Por mucho que se cacaree obra pública y hasta los indispensables y absolutamente necesarios programas sociales de atención a la pobreza, todo sale sobrando si el principal motivo de la organización misma del Estado no se cumple como pasa con la protección a la persona humana.
¿Cómo le podemos pedir a alguien que se interese por las cuestiones políticas del país si en respuesta ese mismo Estado por el que todos debiéramos preocuparnos es incapaz hasta de brindar la más elemental protección?
Este fin de semana fue un niño menor de dos años quien recibió un balazo que le costó la vida. Un ser absolutamente inocente víctima de la violencia que agobia a todos los guatemaltecos. Por enésima vez nos preguntamos si puede el Presidente de la República dormir tranquilo cuando se entera de estos crímenes que ocurren ante la vista y paciencia de sus autoridades que tienen el encargo y el mandato de velar por la seguridad ciudadana. Puede la pareja presidencial conciliar el sueño y concentrarse en los planes de reelección sin inmutarse cuando ven lo que está sufriendo una madre que no pudo articular más palabra cuando los médicos le informaron que pese al esfuerzo por salvarle la vida, el niño murió como consecuencia de esa bala perdida.
Ya sabemos que no existe la autoridad, pero hay que averiguar si existe el Estado. Sabemos que el Ejecutivo está en manos ineptas e incompetentes, pero, reiteramos la pregunta: ¿Existe el Estado? Un Estado capaz de, por lo menos, cumplir siquiera con el primer artículo de la Constitución. Y es que no se trata de una muerte, sino de un rosario de dolor y llanto que ya nos tiene hartos a los guatemaltecos.