Si hay guatemaltecos que saben del buen yantar son los magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Son exigentes a la hora de degustar sus opíparos almuerzos semanales, porque ni modo que le van a pedir a sus esposas que les preparen una lonchera para llevar un par de sánguiches, una manzana o un banano, además de un vaso con horchata, o mejor si de es de rosa de Jamaica y es día lunes, por aquello de los tragos del fin de semana.
Pero esta clase de alimentos y bebidas son propias de empleados públicos y de empresas privadas que salen temprano de sus casas, ya sea en modestos vehículos o arrinconados en camionetas del servicio urbano, colgando de uno de sus hombros el recipiente con su almuerzo, junto con su gastado maletín.  Â
Quizá alguno de los juristas de la CSJ, en sus años de estudiante, cuando tenía que trabajar en un bufete o en un juzgado de oficial o comisario, se acuerde de esos tiempos de apreturas; excepto aquellos que no tuvieron que laborar para financiar sus estudios porque esa inversión estuvo a cargo de sus acomodados padres.
Me causó grata impresión leer en La Hora que los magistrados de la CSJ no pasan hambre durante sus extenuantes, sudorosas y tediosas jornadas de trabajo, sobre todo los días miércoles cuando celebran sesiones plenarias, pues una de tantas secretarias de la Corte sólo toma el teléfono y llama a uno de los restaurantes de postín, para pedir exquisitas viandas de dieta que satisfagan el delicado paladar de esos jurisconsultos.
Para citar un ejemplo, el 27 de enero de este año, cuando era presidente de la CSJ el dichosote de don í‰rick ílvarez, se gastó Q3,060 en almuerzos para sus 13 integrantes, de suerte que cada platillo con sus entradas, aderezos y postres costó Q236 por cada comensal. Y a partir de enero anterior hasta la fecha la Corte ha erogado Q71,269.30 en almuerzos.
Al hacer una grosera comparación con el salario mínimo de los trabajadores de las áreas rural y urbana -tomando en cuenta, por supuesto, las grandes diferencias académicas y de linaje-, que devengan Q56 diarios, cuando bien les va, un jornalero tendría que trabajar más de 4 días para pagarse un almuerzo como el que disfrutaron los magistrados de la CSJ la fecha mencionada, y para obtener ingresos por la suma que han gastado estos juristas en menos de 11 meses en el renglón de alimentos, un obrero se vería obligado a laborar casi 3 años y medio continuos, es decir, sin descansar fines de semana ni los días de asueto.
Me refiero a los asalariados que, se supone, ganan Q56 diarios, porque si se toma en consideración a los guatemaltecos que viven en extrema pobreza, que representan al 17 % de la población, las desigualdades son mucho mayores, porque estos compatriotas apenas subsisten con alrededor de Q18 diarios, insuficientes para pagar siquiera una copa de coñac que degusta el paladar de los magistrados de la CSJ.
Y eso sin mencionar la precaria administración de justicia.
De los 13 magistrados sólo conozco personalmente al abogado Gustavo Mendizábal, quien fue mi maestro en los cursos de reforzamiento para los exámenes privados de Derecho, y presumo que por su compromiso social no estará conforme con este derroche de recursos en la CSJ, ante las graves carencias de millones de guatemaltecos.
(Un elegante magistrado le dice al joven idealista comisario Romualdo Tishudo: -Sin un día vos te sentís vacío, no te hagás el baboso, es que tenés hambre).
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