Exceso de gí¼iri gí¼iri


Con eso del temblor de la semana pasada renace la necesidad de repetir que los guatemaltecos ¡vaya si no somos buenos para el «gí¼iri gí¼iri»!, que no es más que hablar hasta por los codos de lo que debiéramos hacer, pero que no hay modo que lo podamos llevar a la práctica. Así­ hemos sido toda la vida. No se me olvida cuando se decí­an maravillas del Parlacen y vean el esperpento de ineficacia y elevado costo que sigue siendo, además del refugio de quienes ustedes ya saben quién. Tampoco se me olvida que el Foguavi se anunció como la solución radical a la escasez de vivienda popular que nos sigue agobiando y ya ven los resultados de la auditorí­a realizada por la Contralorí­a General de Cuentas y así­ podrí­a llenar las páginas del Diario La Hora, contándoles cuántas chuladas que nuestros polí­ticos acostumbran decir pero que no pasa del inveterado y tradicional «gí¼iri gí¼iri».

Francisco Cáceres Barrios

De acuerdo a las cifras oficiales y a la experiencia vivida el temblor de la semana pasada no pasó de ser un gran susto para todos sin embargo, fue una señal más de que seguimos teniendo los pantalones en la mano en materia de prevención. Me parece magní­fico que las escuelas hayan adoptado las medidas adecuadas a la hora de un sismo, también me parece ideal que se decrete la alarma del color que corresponda pero, ¿alguien cree que la construcción de covachas, casas, edificios y aquellas de gran tamaño que aloja a una gran cantidad de personas, como el llamado Domo, satisfagan las condiciones mí­nimas de seguridad? Sin ir tan lejos, al dí­a siguiente del susto telúrico al que me he venido refiriendo, varias casas se vinieron abajo con la cauda de 20 familias afectadas, por causa del derrumbe de un muro en la zona de 2 de Mixco.

Basta con ir a dar una vuelta por el Periférico capitalino para darse cuenta de la calidad de las construcciones levantadas en sus alrededores y del tremendo peligro que ello representa, peor aun, cuando una centésima más en las escalas sí­smicas significa una cauda de daños y perjuicios inconmensurables, no digamos cuando se llega a sobrepasar la del siete, tal y como a todos nos consta sucedió el año de 1976.

Por ello insisto en decir ¡basta de «gí¼iri gí¼iri» en materia de prevención de desastres»! No se pasa de decir «estamos preparados», «estamos en alarma anaranjada» hasta llegar al colmo de asegurar que se sale a las calles para evaluar la categorí­a de los daños, cuanto todos sabemos bien que todaví­a no les ha pasado el temblor de sus canillas, de solo pensar lo qué va a suceder cuando se trate de un terremoto de alto nivel, al que desgraciadamente nuestro territorio está condenado a sufrir. ¿Cuándo se van a cumplir al pie de la letra los reglamentos de construcción?