Excéntricos parientes dan jaquecas a Humala


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¿Puede haber algo más mortificante para un presidente discreto y de poco hablar que tener familiares ávidos en llamar la atención con polémicas declaraciones?

Por FRANKLIN BRICEí‘O y CARLA SALAZAR LIMA / Agencia AP

Esa parece ser la situación del presidente peruano Ollanta Humala, quien desde que asumió en julio no ha brindado una sola rueda de prensa en Perú y prefiere usar los 140 caracteres de Twitter para comunicarse con el paí­s.

En cambio su padre, Isaac Humala, y su hermano preso, Antauro Humala, se despachan a tutiplén en los medios y ofrecen controvertidas declaraciones que el gobernante ha preferido ignorar.

Ya en 2006, cuando intentó por primera vez llegar a la presidencia, sus padres y hermanos se revelaron como un peculiar clan familiar con ideas radicales.

Ello contribuyó a sembrar en los peruanos un profundo temor hacia Ollanta Humala, un izquierdista ex teniente coronel del ejército que despotricaba contra el libre mercado, propiciaba una lucha de clases, y expresaba simpatí­a por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez.

Entonces, Humala perdió por un estrecho margen de votos en una segunda vuelta electoral contra Alan Garcí­a.

«Desde que Ollanta Humala apareció en la escena polí­tica de Perú ha tenido esta especie de sombra del acompañamiento de sus familiares», dijo a the Associated Press (AP) el analista polí­tico Nelson Manrique, que considera que esa presencia mediática constituye factor de perturbación para el gobernante.

Muchos lí­deres mundiales tienen familiares estrafalarios que los avergí¼enzan de vez en cuando. Pero pocos tienen parientes directos que se comparen con los Humala.

Antauro, mayor retirado del ejército, se encuentra purgando una pena de 19 años de cárcel por haber liderado la toma de la comisarí­a de la ciudad andina de Andahuaylas, en la que murieron cuatro policí­as y dos de sus seguidores en 2005.

Desde que su hermano se calzó la banda presidencial no ha cesado de lanzarle crí­ticas, en exigir su libertad y la de sus seguidores en Andahuaylas, y hasta de atribuirse el mérito de haber contribuido en su ascenso al poder.

También lo ha acusado de abandonar sus ideas socialistas.

Al primer ministro Salomón Lerner, quien es de origen judí­o, lo llamó «extranjero» y sugirió que era él quien manejaba el gobierno. Al presidente del Congreso, Daniel Abugattás, lo llamó «leguleyo incapaz».

El padre del mandatario, Isaac, entretanto, dijo en una entrevista con la AP: «lo siento cuando le sabotean sus consejeros y sus ministros al presidente».

Los hermanos Ollanta y Antauro se convirtieron en figuras públicas en octubre de 2000 cuando se declararon en desobediencia y encabezaron una marcha militar desde su base en Locumba, en la región Tacna al sur, hasta las montañas en señal de malestar por la corrupción del gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000).

Ambos fueron retirados del ejército. Ollanta, entonces, inició una carrera polí­tica apoyada inicialmente por Antauro. No obstante, en 2005, tras la asonada de Andahuaylas liderada por éste, los hermanos rompieron relaciones.

Con sus declaraciones desafiantes, Antauro busca hacerse de un espacio polí­tico propio, dice el experto Manrique.

De hecho, Antauro expresó recientemente que su plan es postularse para las elecciones generales de 2016 con su agrupación Partido Etnocacerista, fundado por Isaac, el padre de ambos, que propugna por que los nativos andinos como él y sus hijos, la «raza cobriza» descendiente de los incas, deben gobernar el paí­s, y que son superiores a los descendientes de los blancos que colonizaron Perú, que aún dominan su polí­tica y economí­a.

Desde la cárcel de Piedras Gordas, al norte de Lima, Antauro acusó a Ollanta de haber claudicado ante la derecha para poder ganar la presidencia, y que dejó de lado los ideales que compartieron hasta hace unos años.

«Ollanta Humala podrá estar en la presidencia pero está menos libre que yo que estoy preso», dijo.

Dos semanas atrás, la Corte Suprema confirmó una sentencia a Antauro por homicidio simple, sedición, sustracción de armas, daños agravados y secuestro por los hechos de Andahuaylas. Le impuso una pena de 19 años de prisión, seis años menos que los que originalmente un tribunal habí­a decretado.

Antauro, de 48 años, ha dicho que su hermano presidente no lo ha visitado desde que fue encarcelado, lo que no le ha impedido acreditarse parcialmente la victoria presidencial de 2011.

«Hubiera sido imposible que Ollanta Humala llegue al poder si no hubiésemos hecho la rebelión en Locumba y no nos rebelábamos en Andahuaylas», dijo Antauro. «Era un sacrificio necesario. Si yo no hubiera tomado esa decisión Ollanta Humala no hubiese sido candidato y no hubiese ganado la presidencia».

Ollanta, de 49 años, puede indultar a su hermano pero un sondeo Ipsos Apoyo de este mes mostró que un 88% de los encuestados cree que el presidente debe ceñirse a la decisión del poder judicial, lo que va en contraví­a de algunas opiniones.

Ollanta ha dicho que el caso de su hermano no está en la agenda del gobierno.

«Para el presidente creo que debe ser un dolor, más que una molestia, tener en su familia este tipo de perturbaciones», dijo Salomón Lerner, presidente del Consejo de Ministros al diario Perú.21.

Antauro y Ollanta son los únicos hijos de Isaac que recibieron instrucción militar. Tuvo siete hijos con su esposa Elena Tasso y otros tres fuera del matrimonio.

Los siete hermanos crecieron en un ambiente espartano. Eran obligados a leer libros sobre la realidad peruana y obras de escritores peruanistas como José Carlos Mariategui y el poeta César Vallejo, para luego discutirlas en la sobremesa.

Pero Ollanta e Antauro fueron criados para la grandeza a quienes Isaac, un abogado de 81 años y nacido en Ayacucho, los persuadió de optar por carreras militares.

Hace unos años, describió para una entrevista televisiva sus ambiciones para los dos hijos que se convertirí­an en soldados. «La carrera militar es una pista directa al poder», porque «con 60 hombres armados yo puedo tomar (el) Palacio (presidencial)».

Ollanta llegarí­a a teniente coronel y agregado militar en Corea del Sur antes de ser retirado, justo antes del levantamiento de Andahuaylas, debido a su percibida deslealtad al entonces presidente Alejandro Toledo.

A los ojos de Isaac, lo sucedido en Andahuaylas convirtió a su hijo Antauro en un héroe.

«El rol que le toca a Antauro en un pueblo donde hay tragedia es el martirologio», dijo a la AP Isaac, que funge de abogado de Antauro de quien dice que «es un mártir».

Para el analista Manrique, el presidente elude bien la locuacidad de su familia al «reafirmar el cariño por sus familiares pero zanjar que ellos no tienen participación en sus decisiones y que están al margen del manejo del poder».

De hecho, es lo que Ollanta ha hecho desde que era candidato: callar, pese a que sus padres dijeron, en la campaña presidencial de 2006, que ser homosexual era inmoral.

En abril de 2011, en plena campaña, el mayor de los Humala, Ulises, pidió abiertamente no votar por su hermano.

Mientras Ollanta buscaba votos asegurando a los peruanos que no copiarí­a el modelo de gobierno de Chávez, Ulises dijo en diversas entrevistas que su hermano tení­a una «filiación chavista» y que un gobierno suyo «serí­a desastroso para el paí­s».

A principios de julio, ya siendo presidente electo y cuando se encontraba en Washington entrevistándose con el presidente de Estados Unidos Barack Obama, Ollanta tuvo que soportar otro baldado de agua frí­a proveniente de su hermano menor Alexis, que habí­a viajado a Rusia y se habí­a entrevistado con el canciller y empresarios rusos identificándose como su representante.

La popularidad del presidente, que entonces se ubicaba en 70%, cayó a 41% por el escándalo.

Pero esa estrategia del silencio ha tenido éxito: según el mismo sondeo de Ipsos Apoyo, Ollanta cuenta con una aprobación del 65% de los peruanos, quienes consideran positivo que esté cumpliendo sus promesas electorales, como no echar por tierra las polí­ticas económicas que permitieron a Perú crecer sostenidamente en los últimos años e implementar una serie de programas sociales para los más pobres.