La única universidad en el país que no tiene necesidad de preocuparse de sus ingresos es la tricentenaria Universidad de San Carlos de Guatemala. Tiene la gran ventaja que la Constitución estableció que recibirá una asignación privativa no menor del 5% del Presupuesto General de Ingresos Ordinarios del Estado, lo que asciende actualmente a alrededor de Q1,200 millones, con los cuales paga al personal docente y administrativo que es de alrededor de 7 mil 600 personas y los gastos de funcionamiento y materiales docentes.
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A ello se le agregan ingresos privativos por inscripciones, cursos adicionales y otros ingresos por herencias o donaciones. Con ello atiende a 125 mil estudiantes fijos y a 25 mil en la Calusac.
La interrogante es, como lo indicáramos el 16 de julio de 2010, si la universidad, con un Rector reelegido, se transformará o permanecerá con los vicios, defectos, deficiencias y atrasos que le han significado que miles de estudiantes prefieran invertir en obtener su educación universitaria de forma privada.
En julio el Rector reelegido tenía en sus manos la iniciativa, hoy la sigue teniendo, pero presionado por un grupo de estudiantes que han tomado parte de las instalaciones con el argumento que debe rehacerse la autonomía.
He ahí la situación, la tarea y la incógnita que tanto el rector como los decanos y demás autoridades deben auto responderse, no hacerlo significa un fracaso, especialmente para quienes se han reelecto a no ser que el objetivo fuera sólo mantener sus ingresos, ventajas y la corte de personas que los rodean, varios de los cuales son poco productivos.
Mi opinión de la necesidad de cambio se basa en mi vivencia sobre la Usac en 1957, recién graduado del colegio me inscribí para iniciar estudios universitarios. Circunstancias educativas hicieron que sólo asistiera un trimestre, los tres años siguientes los viví, salvo vacaciones, en el extranjero. En 1960, con un nuevo título, me reinscribí en la Usac, también sólo duré un trimestre de nuevo, el desorden, la poca asistencia de los docentes y el hecho de trabajar en Zacapa hicieron inaguantable el tratar de estudiar en la San Carlos. En 1962, al crearse la primera universidad privada, Â volví a los estudios y pude de una forma ordenada y adecuada, sin perder un año, graduarme en 1968 en la primera promoción de la Landívar de licenciado en Ciencias Jurídicas y Sociales, Abogado y Notario. Al igual que yo, miles de muchachos guatemaltecos ven limitada, frustrada y a veces alargada su carrera universitaria por la ineficiencia y poco orden de la Usac.
La situación de la San Carlos no puede continuar así porque, en un país pobre como el nuestro, el entregarle a las autoridades universitarias, al rector, decanos y demás Q1,200 millones cada año tienen que rendir un producto, un fruto intelectual y el mismo se mide especialmente con el número de egresados en cada carrera, en cada facultad. Ellos son el fruto de la inversión de los impuestos que paga el pueblo, no son una dádiva o algo caído del cielo, es el recurso que se invierte para que existan médicos, ingenieros, agrónomos, economistas, odontólogos, arquitectos y demás profesionales que sirvan al pueblo de donde provienen.
Continuará.