¿Evolución o revolución social?


Cada dí­a es más evidente en toda América Latina la necesidad de cambio. Pretender que las personas permanezcan estáticas, no aspiren a tener ellos, sus hijos, nietos o descendientes una mejor posición económica, polí­tica y social, es desconocer la historia de la humanidad, de los pueblos, familias y de los individuos en general.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

La democracia actual tiene sus raí­ces en la transformación de las formas de gobierno de Inglaterra, Estados Unidos y Francia. Es a partir del siglo XV que estos paí­ses plasmaron los cambios en sus cartas magnas o sus declaraciones de independencia, igual que sucedió en los últimos 200 años en América Latina.

 

La evolución del conocimiento humano ha permitido que en el presente nos sea de suma facilidad el acceso a las estadí­sticas, a las investigaciones y a los tratados de conocimiento humano actual. Un comando en una computadora nos da más información de la que en un mes podí­amos recabar hace 30 años. Ello permite comprobar el retraso social que varios pueblos de América Latina y de otras latitudes tienen.

 

No hay pueblo, aldea, municipio, departamento del que no podamos conocer sus í­ndices de salud, educación, desnutrición, inseguridad, fuentes y puestos de trabajo. Ello ha permitido y también obligado a buscar las soluciones polí­ticas, sociales y económicas que cambien los niveles de pobreza y de miseria en cada uno de esos lugares.

 

Hoy es sumamente fácil saber la densidad de población de cada paí­s del mundo, así­ como los niveles educativos, el ingreso per cápita, los porcentajes o percentiles de cómo se distribuye ese ingreso. Cada dí­a más las poblaciones exigen que la sociedad evolucione e incluso, si es necesario, requieren cambios violentos, rápidos y bruscos a través de revoluciones.

 

La alternativa que todos tenemos es la de escoger entre evolución y revolución. El ideal que la mayorí­a defendemos y aspiramos es una evolución continua dentro de un Estado de Derecho a través de procedimientos democráticos. Sin embargo, si los grupos de poder se oponen, de hecho están fomentando el cambio brusco y violento, la revolución.

 

Los paí­ses más pequeños son los que más acumulan desigualdades, sólo un tonto puede pretender pensar que el estatus quo va a mantenerse. El ideal es que todos los dí­as le demos vuelta a la hoja, que cada hoja registre un cambio que se debe ver reflejado en las estadí­sticas del nivel educativo, de baja de la desnutrición, de reducción de la mortalidad infantil, de aumento de oportunidades de trabajo, de mejoras salariales, servicios públicos, seguridad, infraestructura, agua potable, etc.

 

Los ciudadanos debemos de comprender que es nuestro deber constitucional votar, igual que es nuestro derecho elegir que la democracia es y debe ser el gobierno de todos, no el gobierno electo por una mayorí­a para servir a una minorí­a. La necesidad, la miseria, la pobreza, la falta de oportunidades son una bomba de tiempo que tarde o temprano explotará. La única forma de contener, de evitar que llegue el momento de una explosión, léase revolución, es que las élites comprendan y reconozcan que el mejor seguro que pueden comprar para garantizarse sus bienes, la seguridad de sus familias es compartiendo el desarrollo, aceptando la función social de la propiedad privada, demostrando que como seres inteligentes están dispuestos a compartir, repartir parte de la riqueza ví­a impuestos para que el Estado cumpla con las garantí­as individuales y sociales que son su obligación mantener y desarrollar para el bien de todos.