El presidente de Bolivia, Evo Morales, atraviesa el peor momento de su gestión en el epicentro de la crisis política, agobiado por violentos enfrentamientos con la oposición en cinco regiones rebeldes y con una relación bilateral con Estados Unidos en grave deterioro.
Sometido a una violenta ofensiva, con un saldo hasta ahora de ocho muertos y un centenar de heridos en enfrentamientos los últimos tres días entre sus aliados y sus oponentes, Morales llamó a la pacificación del país y se abrió a negociaciones.
Elegido con la mayor votación de Bolivia en el último medio siglo y ratificado en el cargo en un referendo en agosto por el 67% de los sufragios, Morales -que nació a la vida política desde los sindicatos de productores de coca del Chapare- no ha logrado sin embargo imponer su proyecto político.
Al contrario se ha abierto irreconciliables frentes de oposición en cinco de los nueve departamentos del país, especialmente con las élites derechistas de Santa Cruz, principal bastión de la oposición contra su gobierno.
Santa Cruz le exige paradójicamente recursos de la nacionalización de los hidrocarburos que Morales recuperó en mayo de 2006, a pesar de la oposición de los políticos tradicionales que apostaban a fe ciega a un modelo liberal que usufructuó durante una década de la riqueza energética boliviana.
Morales, de 48 años de edad, enarbola que la estatización permitió que se modifiquen las reglas del juego en favor del país.
Aunque sus allegados conocen de la firmeza de sus convicciones, esta vez creen que Morales está a punto de ceder en la devolución de los recursos del gas (IDH) a las prefecturas, a pesar de que están destinadas a financiar una renta mensual de vejez.
Nacido en Orinoca, un pueblo perdido en los Andes bolivianos sin agua potable ni electricidad, creció en una vivienda de paja y adobe que era comedor y dormitorio, pero además almacenamiento de tubérculos y criadero de cerdos y ovejas.
Tras una infancia muy pobre -cuatro de sus seis hermanos murieron antes de cumplir dos años-, Morales emigró debido a una feroz sequía que a principios de los ochenta asoló los cultivos del altiplano boliviano.
Se vio obligado a desempeñar los más diversos oficios para sobrevivir, entre ellos el de trompetista de una banda de música y el de futbolista, vocación esta última que no pierde oportunidad de expresar en cuanta ocasión se le presente.
Emigrado a la región central del Chapare, donde entonces se instalaba el narcotráfico, el actual mandatario forjó su ideología socialista en contacto con mineros migrantes como él, empujados a tierras bajas por el desempleo y la apertura del país al libre mercado tras décadas de estatismo.
Admirador de Fidel Castro -a quien llama «abuelo sabio»- y alineado a su par venezolano Hugo Chávez, el gobernante boliviano se autodefine de «antineoliberal», «antiimperialista» y «enemigo del imperio norteamericano».
Esto explica que al creciente clima de tensión interna que vive estos días su país, Morales agregó un fuerte roce diplomático con Estados Unidos con la expulsión en un plazo de 72 horas del embajador en La Paz, Philip Goldberg, bajo la acusación de conspirar y promover la división en Bolivia.
En reciprocidad, Washington decidió expulsar más tarde al embajador de Bolivia en EE.UU., también en un plazo de 72 horas.