«Eviten empeorar la crisis que provocaron»


FOTO LA HORA: AFP SAUL LOEB

Barack Obama (izquierda) habla con el primer minsitro australiano Kevin Rudd en el  foro economico durante la reunión del G8.» title=»FOTO LA HORA: AFP SAUL LOEB

Barack Obama (izquierda) habla con el primer minsitro australiano Kevin Rudd en el  foro economico durante la reunión del G8.» style=»float: left;» width=»250″ height=»157″ /></p>
<p>Las potencias emergentes (G5) y las industriales (G8) prometieron el jueves evitar medidas proteccionistas, en una cumbre en Italia marcada por el reclamo de que los paí­ses ricos asuman su responsabilidad en la crisis económica surgida en sus entrañas y en el calentamiento global provocado por sus industrias.</p>
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Esos planteos aparecen en un proyecto de declaración final de una cumbre a la que el G5 (China, India, Brasil, México y Sudáfrica) llegó con cierto grado de frustración por la falta de avances en los compromisos del G8 (EEUU, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Canadá y Rusia).

«Estamos decididos a poner rápidamente en práctica las decisiones de la cumbre de Washington (en noviembre de 2008) y de Londres (en abril de 2008), y en especial las que apuntan a reformar las instituciones financieras internacionales y a poner a disposición de éstas los recursos necesarios», dice el proyecto, obtenido por la AFP.

Los emergentes reclaman más poder de decisión en el Fondo Monetario Internacional (FMI), que está actuando como ambulancia de los paí­ses más golpeados por la crisis.

«Tenemos que adoptar medidas concretas, ahora, para cambiar la composición accionaria del FMI», dijo el principal asesor diplomático de Lula, Marco Aurelio Garcia.

China abogó por un sistema monetario «más diversificado y razonable», a fin de que éste sea menos dependiente del dólar.

El paí­s asiático estuvo representado por el consejero de Estado Dai Bingguo, pues el presidente Hu Jintao se vio obligado a regresar a Pekí­n a causa de los graves disturbios étnicos en la región de Xinjiang.

Las posturas del G5 reflejan una nueva relación de fuerzas, en momentos en que todos los paí­ses del G8 están sumidos en la recesión y cuestionados por haber llevado al mundo al despeñadero con las polí­ticas neoliberales que preconizaban en los años 90.

Pero el G5 no quiere romper con los aspectos que consideran más beneficiosos de la globalización, como la apertura comercial que les permitió estructurar dinámicos sectores exportadores, golpeados ahora por la reducción de la demanda en los paí­ses ricos y temerosos de que éstos quieran recuperarse adoptando medidas proteccionistas.

Por eso, en el proyecto de declaración final las potencias industrializadas y emergentes «se comprometen a buscar una conclusión ambiciosa y equilibrada a la Ronda de Doha en 2010, coherente con su misión y a partir de los avances ya logrados».

Esa ronda, de liberalización de los intercambios mundiales, está trabada por los reclamos cruzados de los emergentes por una mayor apertura de los mercados agrí­colas de Estados Unidos y Europa, que a su vez quieren menos trabas para las exportaciones de sus productos industriales y bienes de servicios.

Los dos núcleos de paí­ses se dicen además «decididos a proseguir las reformas en materia de regulación y control del sistema financiero».

En su intervención, el presidente Lula debí­a denunciar «la dictadura de las agencias calificadoras de riesgo» y proponer que éstas sean reemplazadas por «entidades que no sean privadas», indicó Marco Aurelio Garcia.

Los lí­deres del G5 y el G8 volverán a reunirse por la tarde, con los de otros tres paí­ses (Austalia, Indonesia y Corea del Sur), en el marco del Foro de Mayores Economí­as (FME) que discute las cuestiones del cambio climático.

El miércoles, los lí­deres del G8 se comprometieron a reducir a la mitad antes de 2050 la emisión mundial de gases de efecto invernadero y elevaron al 80% la reducción de sus propias emisiones.

Pero para Brasil, esa propuesta «no tiene credibilidad» si el G8 no adopta metas intermedias, para 2020, dijo Luiz Alberto Figereido Machado, jefe de los negociadores para los asuntos de medio ambiente del paí­s sudamericano.

En sus discusiones diplomáticas, el G8 emplazó a Irán a aceptar el diálogo sobre su programa nuclear, sospechoso de tener finalidades militares, y condenó enérgicamente a Corea del Norte por el ensayo nuclear y los disparos de misiles que realizó en los últimos meses.

El G8 inició el miércoles tres dí­as de reuniones en L»Aquila, una ciudad del centro de Italia devastada a inicios de abril por un sismo que dejó casi 300 muertos.

Las esposas de los mandatarios, encabezadas por la primera dama estadounidense, Michelle Obama, visitaron el jueves las ruinas del lugar.

Muchos paí­ses prometieron ayuda para la reconstrucción.

PREVISIONES Reactivación frágil


El G8 inició ayer una cumbre de tres dí­as en L»Aquila, la ciudad del centro de Italia devastada por un sismo, con un diagnóstico reservado sobre la recuperación económica y una seria advertencia a Irán para que recoja el guante del diálogo sobre su programa nuclear.

El G8 está decidido a lograr una «solución diplomática» sobre la cuestión iraní­, indica la declaración final de la cumbre.

«La declaración del G8 (sobre Irán) es inequí­voca. Entre agosto y septiembre, (los iraní­es) podrán elegir cómo evolucionarán las cosas», dijo Sarkozy en una rueda de prensa.

El mandatario precisó que la reunión del G20 (de paí­ses ricos y emergentes) de septiembre próximo en Pittsburg (EEUU) era de hecho una «cita» para examinar el expediente iraní­.

«El régimen iraní­ rechaza todas las manos que se le tienden», pero así­ y todo «hay que dejar todas las chances a la negociación», afirmó Sarkozy.

El cielo de la pequeña ciudad italiana de L»Aquilae cubrió con el ronroneo de los helicópteros que a lo largo del dí­a fueron trayendo al presidente estadounidense Barack Obama y a una buena docena de los jefes de Estado y de Gobierno.

La cumbre del G8 (EEUU, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Canadá y Rusia) se abrirá el jueves al G5 de potencias emergentes (China, India, Brasil, México y Sudáfrica), para discutir cuestiones relacionadas con la crisis y el calentamiento global.

Los sangrientos disturbios étnicos en la región china del Xinjiang obligaron sin embargo a regresar a Pekí­n al presidente Hu Jintao.

La cumbre se realiza en las instalaciones de un fuerte que quedó en pie tras el terremoto del 6 de abril, que mató a casi 300 personas y obligó a evacuar a decenas de miles, 24.000 de las cuales siguen viviendo en tiendas de campaña plantadas en la región.

Una declaración común de los paí­ses del G8 da parte de «señales de estabilización» de la economí­a mundial, pero aún moderadas.

«La situación sigue siendo incierta» y «riesgos importantes siguen pesando sobre la estabilidad económica y financiera», dicen los dirigentes.

Además, «los efectos de la crisis económica en los mercados laborales pueden poner en peligro la estabilidad social», subrayan.

Desde el inicio de la crisis, más de 100 millones de personas incrementaron el ejército de los hambrientos en el mundo, que por primera vez suman más de mil millones, según datos de la ONU.

El jefe de Gobierno italiano, Silvio Berlusconi, anfitrión de la cumbre, indicó que el G8 podrí­a desbloquear de 10.000 a 15.000 millones de dólares para desarrollar el sector agropecuario de los paí­ses pobres.

El G5 urgió al G8, en ví­speras de la reunión de los dos grupos, a cumplir los compromisos contraí­dos en Londres en abril para facilitar el crédito, impedir prácticas proteccionistas y ceder espacios de poder en las instituciones financieras internacionales.

«Es importante acordar medidas, pero más importante es cumplir con las promesas acordadas», dijo el presidente mexicano, Felipe Calderón, en una conferencia de prensa.

La lucha contra el cambio climático agita la cumbre.

Fuentes vinculadas a la reunión indicaron que algunos emergentes, como China e India, rechazaban asumir el compromiso de reducir por la mitad las emisiones de gases de efecto invernadero de aquí­ a 2050.

«Hay un fuerte compromiso (por parte del FME) para reducir hasta 2050 de forma sustancial las emisiones mundiales, pero no será en un 50%», dijo un responsable europeo a la AFP.

El G8 acordó por su lado reducir a la mitad la emisión de gases de efecto invernadero de aquí­ a 2050 respecto a 1990 o a «un año más reciente» (EEUU se plantea metas respecto a 2005), y en «un 80% o más» la de los paí­ses industrializados, para limitar el calentamiento global en 2°C, según la declaración final de la cumbre de l»Aquila.

Sin embargo, un asesor del presidente ruso Dimitri Medvedev dijo de inmediato que Moscú consideraba «inaceptables» esos objetivos.

«No vamos a sacrificar el crecimiento económico por causa de la reducción de las emisiones de gases», dijo el asesor, Arkady Dvorkovich.

Los paí­ses del G8 representan el 13% de la población mundial, pero el 40% de las emisiones de gases con efecto invernadero.

El G8 decidió por otro lado dirigir un «fuerte mensaje de condena» a Corea del Norte, por haber realizado recientemente su segunda prueba nuclear y numerosos disparos de misiles, indicó Frattini.