Evalúan riqueza de litio


Durante años el Salar de Uyuni ha sido una remota pero popular atracción turí­stica en el sur de Bolivia: el mayor desierto mundial de sal, una enceguecedora y blanca superficie que se extiende hasta el horizonte.


Ahora, sin embargo, los mochileros y los residentes locales que dependen el comercio de sal temen que ese espectacular y vasto paisaje se vea amenazado por las compañí­as mineras multinacionales.

Porque Bolivia, el paí­s más pobre de Sudamérica, tiene en el Salar de Uyuni grandes riquezas minerales.

El desierto contiene 5,4 millones de toneladas de litio, cerca de la mitad de las reservas mundiales certificadas (13 millones), de acuerdo al Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), en tanto el gobierno de Bolivia estima que existen 140 millones de toneladas.

Este metal blando es ampliamente usado en baterí­as para teléfonos celulares y computadoras, y es un elemento clave en los automóviles eléctricos que se espera sean de producción masiva en el futuro.

Por eso, los grupos mineros Mitsubishi y Sumitomo de Japón, LG de Corea del Sur y Bollore de Francia presionan para que se les permita extraer litio en la zona.

Pero el gobierno socialista de Bolivia duda. La administración de Evo Morales reclama una gran porción de las ganancias y, aún más importante, exige la construcción de plantas de tecnologí­a de litio en el paí­s.

El récord de Morales de nacionalización de empresas extranjeras en los sectores de energí­a y telecomunicaciones también da que pensar a las compañí­as mineras.

Por otra parte, las autoridades bolivianas indicaron que el paí­s extraerí­a el litio por sí­ mismo si avanza un proyecto para instalar una planta piloto de extracción de carbonato de litio en 2010, aunque expertos estiman que carece del conocimiento y el equipamiento para hacerlo.

Ls turistas que hacen el largo viaje para conocer la enorme extensión blanquecina –descrita en la guí­a turí­stica Lonely Planet como «uno de los espectáculos más imponentes de América del Sur»– ven con preocupación la situación, porque temen que el lugar sea arruinado para siempre.

«Creo que deberí­an dejarlo en paz, tal como es. No deberí­an destruir la naturaleza así­», dice a la AFP Travis Pitts, un turista estadounidense de 27 años, mientras observa el desierto que lo rodea desde un hotel construido con ladrillos de sal.

Hadar Ozer, una israelita de 21 años instalada en una de las decenas de vehí­culos 4×4 concentrados en un punto del inmenso lugar, se asombra de lo «increí­ble» que es el Salar de Uyuni.

«También tenemos sal en Israel — el Mar Muerto. Pero aquí­ es enorme. Uno siente que camina en la Luna, porque todo es blanco y es increí­ble», afirma.

En otro punto del desierto, una «isla» de rocas cubierta de cactus, varios extranjeros bajaron de los vehí­culos a tomar fotos. La ausencia total de referencias engaña al ojo humano y a las cámaras, por eso los objetos tanto cerca como lejos parecen estar unos encima de otros.

En una aldea en la periferia del desierto casi todos los residentes locales viven de vender recuerdos tallados en sal y provisiones a los turistas.

Ellos también tienen miedo de que las compañí­as mineras hagan estragos en el lugar.

«No sabemos qué pasará si hay extracción de litio. No sé. Todaví­a no sabemos qué sucederá, porque algunas personas dicen que podrí­a haber polución», comenta Marta Flores, una mujer de 35 años que vende baratijas hechas de sal.

Los guí­as que conducen sus vehí­culos por el desierto de 11.000 km2 también están preocupados.

Ya vieron su negocio afectado, dicen, por la incertidumbre internacional generada por el gobierno de Morales, que tiene una mala relación con su par de Estados Unidos.

Para varios, cualquier proyecto que traiga prosperidad a la región y al paí­s es bienvenido, aunque son escépticos sobre la existencia de controles suficientes que permitan que la minerí­a conviva con otras actividades en el desierto, como el turismo.

«Será productivo para la región», afirma un guí­a, Juan Barcelona. «Pero al mismo tiempo veremos los fincas, las granjas, todo eso contaminado, creo, porque habrá mucha actividad minera. Todo el desierto estará lleno de minas de litio».

Mientras tanto, los que visitan el Salar de Uyuni se preguntan si serán los últimos en contemplar el panorama en tan prí­stino estado.