Evaluación del presidente Colom


Luis_Enrique_Prez_nueva

La Constitución Polí­tica manda que el Presidente de la República cumpla por lo menos 27 funciones. Entre ellas, ocho son especialmente importantes para procurar el bien del Estado. Evaluaré la calidad con la cual el presidente ílvaro Colom desempeñó cada una de esas ocho funciones; y supondré que esa calidad pudo ser óptima, o muy buena, o buena, o mala, o muy mala, o pésima. El orden en que mencionaré las ocho funciones presidenciales que evaluaré, no necesariamente es un orden de importancia.

Luis Enrique Pérez

 


Primera función: “Cumplir y hacer cumplir las leyes”. Calidad de desempeño: pésima. El presidente Colom fomentó la ilegalidad, ya porque él mismo incumplió la ley de manera flagrante, ya porque no obligó a cumplirla, y hasta procuró el incumplimiento de ella.
  
Segunda función: “Proveer a la seguridad de la nación”. Calidad de desempeño: pésima. El presidente Colom fue el fundador de una novedosa época de criminalidad. Aludo a la criminalidad de la cual es ví­ctima el indefenso ciudadano honrado, y no a la criminalidad de la cual es ví­ctima el criminal mismo que atenta contra el interés de sus implacables socios criminales.
  
Tercera función: “Ejercer el mando de las fuerzas armadas de la nación”. Calidad de desempeño: pésima. El presidente Colom no ejerció el mando de las fuerzas armadas para que ellas (en el supuesto de que son fuerzas militares), mantuvieran “la soberaní­a… y la integridad del territorio, la paz y la seguridad interior y exterior”.
  
Cuarta función: “Ejercer el mando de toda la fuerza pública”. Calidad de desempeño: pésima. El presidente Colom no ejerció el mando de la fuerza pública para que ella (en el supuesto de que es fuerza policial) contribuyera a la seguridad civil de los ciudadanos. Y la Policí­a Nacional Civil fue una miserable institución, obligada a ser ridí­culo mendigo de recursos públicos.
  
Quinta función: “Conservar el orden público”. Calidad de desempeño: pésima. El presidente Colom permitió y hasta autorizó el desorden general de la nación; y, por ejemplo, el derecho a la libre locomoción sufrió una transgresión flagrante, persistente y catastrófica.
  
Sexta función: “Administrar la hacienda pública con arreglo a la ley”. Calidad de desempeño: pésima. El presidente Colom administró la hacienda pública con licencioso desarreglo a la ley; y, por ejemplo, miles de millones de quetzales fueron asignados ilegalmente para financiar la campaña electoral del partido oficial.
  
Séptima función: “Someter, al Congreso, para su aprobación, el proyecto de presupuesto”. Calidad de desempeño: pésima. El presidente Colom inauguró una nueva era de deuda pública; y la multiplicó pavorosamente hasta exponer al Estado a un inquietante riesgo de colapso financiero.
  
Octava función: “Mantener la integridad territorial”. Calidad de desempeño: pésima. El presidente Colom ni aún mostró interés por comprobar que una reciente expansión de la frontera de México hacia el territorio de Guatemala, transgrede o no transgrede el tratado de lí­mites entre ambas naciones.
  
Intenté encontrar, entre aquellas ocho funciones, alguna que el presidente Colom hubiera podido desempeñar por lo menos con mala calidad. Fue un intento demencial. La pésima calidad se impuso de manera intransigente.
  
Post scriptum. Que ílvaro Colom haya ejercido la Presidencia de la República no ha sido meramente un estúpido error de la historia de nuestro paí­s. Ha sido un crimen que, cometido y tolerado durante cuatro años,  tiene que ser objeto de la más pronta y la más severa punidad.