Después de meses de insistencia en que Europa sólo puede salvarse si reduce sus gastos, un coro creciente propone que los gobiernos estimulen el crecimiento económico aunque signifique aumentar el gasto.
A medida que una desaceleración de la recuperación económica mundial amenaza los esfuerzos de austeridad de Europa, los expertos reviven un debate fundamental acerca de cómo salir de la crisis de la deuda robusta y el crecimiento escuálido.
Un enfoque ha sido reducir la deuda independientemente de las consecuencias a corto plazo que ejerzan sobre el crecimiento. Pero a medida que un crecimiento lento va carcomiendo los progresos de esos planes de austeridad, los economistas han reconsiderado los méritos de estimular el crecimiento ante el objetivo de reducir la deuda.
Alemania, que sobrelleva gran parte del costo de apuntalar a sus vecinos más débiles en la eurozona, ha sido uno de los partidarios más fervientes de reducir gastos. El Banco Central Europeo también ha acosado a países como Italia para que aprueben medidas de austeridad como signo de que merecen recibir ayuda.
Aun países como Francia, que están en mejores condiciones, han tratado de tranquilizar a los inversionistas nerviosos —y reducir sus tasas de préstamo— prometiendo reducir costos.
Pero esas medidas han provocado enérgicas críticas de que amenazan la recuperación y causan más daño a quienes menos pueden soportarlo.
En cambio, Estados Unidos y otros tienen una respuesta diferente: estimular el crecimiento.
Mientras el presidente Barack Obama develaba un amplio plan para impulsar la creación de empleos, el secretario del tesoro Tim Geithner proponía a otros gobiernos estimular el crecimiento, mientras se aprestaba a reunirse con funcionarios de las economías más desarrolladas en Marsella ayer.
El argumento planteado por Geithner y otros es que el crecimiento es el mejor remedio para el déficit: cuando la economía florece, contrarresta los gastos y reduce la magnitud y proporción de los déficits. En vez de tratar de economizar camino de la prosperidad, las economías del mundo deben gastar dinero para ganar dinero.
«La mejor estrategia para reducir la deuda pública es promover políticas fiscales que estimulen el crecimiento», recomendó esta semana la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo.
Además, muchos argumentan que el peligro de una austeridad extrema es que puede estrangular el crecimiento cargando de impuestos a las empresas y dificultándoles tomar dinero prestado y contratar más trabajadores. Eso sólo contribuye a alimentar un círculo vicioso de endeudamiento.