Desde hace varios meses se ha podido observar el proceso permanente de deterioro que varios países de Europa han venido atravesando a partir de una nueva crisis que resulta diferente a la anterior del 2008, pues en esta oportunidad no ocurre derivado del estallido de la burbuja inmobiliaria originada en Estados Unidos, sino su origen se centra en un manejo irresponsable de la deuda de algunos gobiernos, vinculado a un crecimiento insostenible del gasto público, el incremento elevado del déficit fiscal, una calificación a la baja de los instrumentos soberanos de deuda de los países y un proceso paulatino de mora en los pagos de su deuda externa.
Ante este complejo escenario, la situación de los llamados PIGS (Portugal, Irlanda, Grecia y España), se convierte en el centro del debate económico, pero más allá de este debate, la situación económica se deteriora significativamente llevando a Grecia y España principalmente a enormes reducciones significativas del gasto, pero fundamentalmente en aquellas erogaciones relativas al gasto social y con bajas considerables en el empleo. En este sentido, se redujeron las prestaciones sociales vinculadas al Estado de Bienestar, como las pensiones de desempleo, se incrementaron las edades para jubilarse y se redujeron las pensiones para los jubilados. A ello es necesario sumarle que los Gobiernos se vieron obligados a reducir el gasto público, principalmente en desmantelar un número impresionante de plazas en los funcionarios públicos, con lo cual las manifestaciones sociales han sido impresionantes en estas últimas semanas, en donde Atenas pasó a arder en movilizaciones sociales de protesta mientras las fuerzas de seguridad buscaban controlar a los manifestantes.
En el caso de España la situación ha sido sumamente difícil. Para este año se calcula que España perderá 630 mil empleos, que se suman a un proceso que durante cinco años ha llegado a una cifra de prácticamente 6.0 millones de desempleados; lo cual significa una tasa de desempleo total del 22.8% y 2.56 millones de puestos de trabajo destruidos. En este sentido, la reforma laboral planteada por el nuevo gobierno del Partido Popular, no parece modificar seriamente con respecto lo que venía haciendo el PSOE, únicamente que el PP lo hace al inicio de su gestión, mientras que el PSOE le tocó convivir con la crisis y las respuestas fueron un tanto incoherentes, pero en ambos casos, el ajuste necesario para intentar recuperar la estabilidad afecta seriamente la producción, pues su PIB se calcula que se contraerá en un 1.7%, mientras que el empleo se reducirá en un 3.7%, lo cual significa que se perderán alrededor de 112.0 miles de empleos.
Mientras tanto los países de la Eurozona buscan a toda costa recuperar la estabilidad económica de Grecia, para lo cual inyectarán 130 millones de euros para evitar una infección generalizada en esta región, pero para ello Grecia ha tenido que aceptar un programa severo de ajuste que pasa por una reducción paulatina de los programas sociales, una contracción severa en el gasto público y con ello una disminución de los puestos de trabajo en el gobierno, con lo cual la recesión en Grecia es compleja y difícil de enfrentar.
Ahora, ni los gastos sociales en los Estados de Bienestar, ni los déficits fiscales, de acuerdo a Paul Krugman, han demostrado que constituyeron los catalizadores inmediatos de las crisis; aun cuando se reconoce que efectivamente en Grecia la irresponsabilidad fiscal es manifiesta, en el caso Portugal su déficit era relativamente pequeño, mientras que España e Irlanda incluso presentaban superávits. Entonces el problema es fundamentalmente monetario, por el hecho que la introducción del Euro generó una sensación de seguridad en los inversionistas privados y produjo flujos de capital hacia los países periféricos y de ahí su impacto en los precios y con ello la pérdida de competitividad de diferentes actividades productivas. Si en todo caso, los países hubieran tenido su propia moneda, la devaluación hubiera permitido resolver esta problemática monetaria y recuperar la competitividad y reducir los precios.
El caso es que los instrumentos utilizados para resolver la problemática pueden explicar la profundización de la crisis pues continuar con las medidas de contracción fiscal han sido contraproducentes y han magnificado los resultados de la crisis, lo cual pone en el debate las diferencias entre las escuelas de pensamiento económico, entre las propuestas contraccionistas y los expansionistas del gasto público y su impacto en la tendencia del ciclo económico. Un debate que merece seriedad y serenidad, y tal como señala Krugman: “Los problemas han empeorado mucho más de lo necesario por la forma en que los líderes europeos, y más en general, la élite política, sustituyeron los análisis por los sermones, y las lecciones de la historia por las quimeras”, pero el problema es que al final mientras se experimentan diferentes instrumentos de política económica, se estabilizan las economías y se consigue alcanzar los niveles previos a la crisis, quien paga los costos del ajuste es, nuevamente, el pueblo.