Europa elige a su primer presidente


El primer ministro belga, Herman Van Rompuy (D), nombrado primer presidente de la Unión Europea, recibe un beso del primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker, en una cumbre de la Unión Europea en la sede del Consejo Europeo. TOPSHOTS / AFP PHOTO / Georges Gobet

La elección del discreto Herman Van Rompuy a la presidencia de la UE fue criticada hoy por analistas, para quienes los lí­deres de los paí­ses miembros, al negarse a soltar las riendas del bloque, renunciaron a fortalecer la voz de Europa frente a Estados Unidos o China.


«Nos habí­an anunciado que iban a reforzar el papel de Europa en el mundo: la designación ha suscitado una gran decepción», afirmó a la AFP Jean-Dominique Giuliani, presidente de la Fundación Robert Schuman.

En una cumbre el jueves en Bruselas, los 27 lí­deres de la UE decidieron nombrar a dos desconocidos en la escena internacional, el jefe del gobierno belga Van Rompuy y la británica Catherine Ashton, como primer presidente estable del bloque y jefa de la diplomacia, respectivamente.

Para los expertos, la contradicción reside en que ambos cargos, contemplados en el Tratado de Lisboa que entrará en vigor en diciembre, estaban diseñados para acabar con la falta de liderazgo visible en la Unión Europea, un bloque de 27 paí­ses, casi 500 millones de habitantes, dotado de instituciones colosales.

Los estadounidenses, los chinos o los indios «se habí­an preguntado si Europa estaba finalmente preparada para asumir sus responsabilidades en el mundo», explica a la AFP el analista Marco Incerti, del Centro de Estudios Polí­ticos Europeos.

La respuesta que obtuvieron de la UE es que «por ahora prefiere conformarse con el mí­nimo común denominador en vez de levantarse» y asumir su papel, prosigue Incerti.

Van Rompuy, un democristiano de 62 años que se ha granjeado el respeto de los belgas al haber sido capaz de evitar una crisis irreversible entre las dos principales comunidades flamenca y francófona, es un polí­tico discreto, que, según ya avanzó, se limitará a forjar compromisos entre los paí­ses de la UE.

Su nombramiento «no es una sorpresa», porque los lí­deres europeos querí­an a «alguien fuerte internamente, que supiera arrancar consensos», «sin nada que ver con una figura parecida a la del presidente de Estados Unidos», estima a la AFP Janis Emmanoulidis, analista del Centro de Polí­tica Europea.

Lo primero que tuvo que hacer la británica laborista Ashton, de 53 años, al ser nombrada Alta Representante de Relaciones Exteriores, fue justificar su elección, pidiendo que se la juzgara por sus actos futuros.

«Va a ser una tarea muy dura» para Ashton, «no tiene ninguna experiencia diplomática y desde el primer dí­a deberá empezar a construir el nuevo servicio de exteriores», integrado por miles de funcionarios que representarán a la UE en el extranjero, advierte Emmanoulidis.

A la falta de currí­culum de la hasta ahora comisaria europea de Comercio, se suman las crí­ticas de asignar la diplomacia europea a una mujer de Gran Bretaña, un paí­s euroescéptico, partidario de una Europa polí­tica de mí­nimos.

«Confiar la diplomacia a una británica es renunciar a una diplomacia europea», resume Giuliani.

Ashton «tiene un perfil polí­tico muy bajo, lo que sugiere que difí­cilmente le va a poder dar una impronta personal a su puesto», explica a la AFP Francisco Panizza, especialista en América Latina en la London School of Economics.

«Esto hace que las relaciones bilaterales con paí­ses como España van probablemente a seguir teniendo importancia», señala, interrogado sobre las consecuencias para América Latina de nombrar a una británica al mando de la diplomacia.

La designación de ambos cargos corrobora que los jefes de Estado y de gobierno de la Unión no están dispuestos a soltar las riendas ejecutivas del bloque y que la pregunta que en los años 1970 formuló Henry Kissinger sobre a quién debí­a llamar para hablar con Europa, sigue sin una única respuesta.

«Hay un agujero que será rellenado con los grandes Estados miembros», como Francia, Alemania y Gran Bretaña, explica Emmanoulidis.

«It»s business as usual» (Lo de siempre), resume el presidente de la Fundación Schuman, en alusión a la tradicional resistencia de las grandes capitales europeas a ceder poderes a Bruselas.

Bí‰LGICA Perjudicados


Con la partida del primer ministro belga, Herman Van Rompuy, para asumir la presidencia de la UE, el pequeño reino, dividido entre flamencos de lengua holandesa y valones francófonos, teme recaer en la crisis polí­tica que le situó al borde de la fractura en 2008.

El rey Alberto II inició el viernes las consultas para formar gobierno recibiendo a Van Rompuy, nombrado el jueves primer presidente de la Unión Europea (UE) por los jefes de Estado y de gobierno de los paí­ses miembros del bloque.

En once meses en el poder, el democristiano flamenco, de 62 años, fue capaz de hacer funcionar al gobierno y mantener unida una coalición de cinco partidos que representan a flamencos y valones, liberales, conservadores y socialistas, tras largos meses de caos polí­tico que hizo hasta temer la escisión del paí­s.

Por este motivo, su nombramiento al frente de la UE, efectivo el 1º de enero próximo, fue celebrado como una honra nacional pero al mismo tiempo recibido con inquietud en Bélgica.

«Lo que necesita nuestro paí­s es estabilidad, un gobierno que gobierne», declaró el presidente de los socialistas francófonos, Elio Di Rupo, mientras los ecologistas pedí­an «evitar sumir de nuevo a Bélgica en el caos».

Descartada en un principio la celebración de elecciones anticipadas, la formación de Van Rompuy, el Partido Democristiano Flamenco, está llamada a designar a un primer ministro hasta el fin de la actual legislatura en 2011.

Y es muy probable que el sucesor de Van Rompuy sea su predecesor: Yves Leterme, quien se vio forzado a dimitir en diciembre de 2008 por un escándalo polí­tico-financiero relacionado con el desmantelamiento del banco Fortis.

Desde entonces, ha sido absuelto por la justicia y en julio se convirtió en ministro de Relaciones Exteriores.

Su eventual regreso inquieta a los valones francófonos, quienes habí­an acogido con los brazos abiertos la moderación de Van Rompuy tras un periodo de mayor radicalidad con Leterme y meteduras de pata, en particular, cuando confundió el himno nacional belga por la Marsellesa francesa.

Pese al escepticismo de los valones sobre la capacidad de Leterme para evitar una nueva «fiebre comunitaria», los partidos francófonos tampoco parecen lanzados a vetar su vuelta.

«Si se compromete a garantizar la estabilidad del paí­s y a solventar los problemas económicos (…) entonces sí­, puede ser primer ministro», concedió la ministra socialista Laurette Onkelinx.

Para el diario flamenco De Standaard, Leterme dispone «de su última oportunidad para demostrar que está hecho para el cargo».

Más inquieto, el rotativo francófono Le Soir estimaba que «con todos los partidos polí­ticos en acción, Yves Leterme tendrá un deber: evitar la crisis».