El euro confirmaba hoy su caída en picado y se cotizaba a 1,28 dólares, su nivel más bajo en casi dos años, arrastrado por los continuos temores de recesión y mientras el billete verde y el yen seguían atrayendo a los inversores por su aura de valor refugio.
A las tres de la mañana (hora de Guatemala), el euro se cambiaba a 1,2897 dólares, su nivel más bajo desde noviembre de 2006, contra los 1,3073 dólares de anoche, un mínimo no registrado desde febrero de 2007.
La moneda única europea cayó incluso más, cuando se derrumbó hasta los 1,2743 dólares, su peor nivel desde el 7 de noviembre de 2006.
Respecto a su récord histórico de mediados de julio, cuando marcó los 1,6038 dólares, el euro ha perdido más de un 20% de su valor.
Asimismo, frente a la moneda japonesa, el euro se cotizaba hoy a menos de 130 yenes, marcando así su nivel más bajo desde hace más de cuatro años, concretamente desde abril de 2004, a 128,10 yenes contra los 131,14 yenes de ayer.
Por su parte el dólar también disminuía frente a la moneda japonesa, a 99,24 yenes contra los 100,31 yenes de ayer.
La moneda única europea seguía siendo hoy víctima de la inquieta atmósfera que reina en los mercados, en los que el lunes empezó la semana en unos 1,35 dólares antes de perder de dos a tres céntimos por día.
«Las fuerzas que explicaban tradicionalmente los movimientos de divisas, como el diferencial entre las tasas de interés (que sigue siendo favorable al euro, ndlr) fueron suplantadas por nuevos motores como la repatriación de fondos, la aversión al riesgo y la sed de liquidez», explicaron los analistas de Calyon.
«El dólar ha sido el principal beneficiario de este cambio, además de los valores refugio como el yen y el franco suizo», añadieron.
Monedas con baja tasa de interés, las divisas nipona y helvética son muy apreciadas en períodos de fuerte inquietud.
Aunque hubo una reacción eufórica de los mercados ante los diferentes planes de rescate internacionales, ese sentimiento falló, observaban los cambistas, al añadir que la «palabra en R» (por recesión) ya no es un tabú.
Además, la moneda estadounidense se ve favorecida por la idea extendida entre los inversores de que Estados Unidos será el primero en salir de la crisis.
Este sentimiento se vio apoyado por las palabras del presidente de la Reserva Federal estadounidense (Fed), Ben Bernanke, que se declaró favorable al examen de un nuevo plan de estímulo de la economía por el Congreso norteamericano.
El Congreso ya adoptó en enero un primer plan de estímulo por un monto de 168 mil millones de dólares y lo puso en marcha en primavera. Ese plan tuvo un efecto positivo pero muy provisional, según los economistas.
En cuanto a la divisa británica, la libra esterlina también cedía hoy frente al dólar y tocó su nivel más bajo desde septiembre de 2003, a 1,6203 dólares, después de que el gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, dijo anoche que Gran Bretaña estaba entrando «probablemente» en recesión.
Hacia las tres de la mañana (hora de Guatemala), la moneda británica cotizaba a la baja frente al billete verde, a 1,6394 dólares, y también cedía frente al euro 78,66 peniques.
Bienvenida por algunos exportadores, la fuerte baja del euro debería amortiguar un poco la desaceleración económica en curso en la Eurozona, según analistas.
Hoy, el euro cayó bajo el umbral de 1,30 dólares por primera vez desde febrero de 2007, es decir una baja del 20% respecto de su máximo nivel de 1,60 dólares registrado a mediados de julio.
Para el director para Europa del Fondo Monetario Internacional (FMI), Alessandro Leipold, incluso si el euro «aún sigue sobrevaluado», su caída es una «señal positiva» para los países de la zona euro, que envían casi la mitad de sus exportaciones fuera del espacio de la moneda única.
«Esto llega en buen momento. Tendrá un efecto positivo para las exportaciones, con un cierto retraso, en 2009», indicó el economista Sylvain Broyer, del banco de inversiones Natixis.
La baja del euro beneficiará en forma mecánica a las empresas que facturan sus ventas en dólares, como el constructor aeronáutico EADS, que perdió unos 700 millones de euros por cuestiones cambiarias en el primer semestre de 2008 y busca implantarse en la zona dólar para disminuir sus costos.
Sobre todo, según Broyer, favorece a «aquellos que fabrican bienes poco diferenciados con respecto de la competencia mundial a bajo costo», como los productores de bienes de consumo corriente o los constructores automotores de baja gama.
«Va a ser más favorable para la industria francesa e italiana que para la industria alemana», más especializada y por ello menos sensible a las variaciones de precios, resumió.
Sin embargo, según la analista Véronique Riches-Flores, del banco Société Générale, la caída del euro «sólo tendrá un papel parcial» porque los exportadores se ven hoy en día penalizados «más por una baja de la demanda mundial que por una falta de competitividad».
«Esto no permite plantear un fuerte salto de las exportaciones», explicó.
Los dos primeros clientes de la Eurozona, el Reino Unido y Estados Unidos, no van a escapar a la recesión, mientras que las economías emergentes también se ven envueltas por la crisis.
Alemania, primer exportador mundial y que representa un tercio de las exportaciones europeas a Asia, sólo prevé un crecimiento del 0,2% de su PIB en 2009.
Para el analista Howard Archer, de Global Insight, las últimas cifras del comercio exterior de la zona euro de agosto «mostraban una baja de las exportaciones (-0,6% con respecto de julio), incluso antes del agravamiento de la crisis financiera y sus repercusiones negativas».
Además, agregó Archer, «en septiembre los pedidos de exportación disminuyeron por sexto mes consecutivo, y al ritmo más elevado desde diciembre de 2001», según el informe mensual sobre el clima de negocios de la Comisión Europea.
A mediano plazo, los economistas también son prudentes sobre la continuidad de la baja del euro.
«En la baja actual no son los fundamentos de la economía los que juegan, sino la crisis financiera y una necesidad de liquidez en dólares para reembolsar deudas a corto plazo», resumió Sylvain Broyer.