Ha existido, hay y habrá eterna diferencia entre ricos y pobres. En el transcurso del tiempo, extendida por el mundo como marca de fuego, desde la aurora hasta el ocaso, deja sentir sus efectos inexorables. Incluso los cambios y evolución que tienen desarrollo, incapaces son de borrar esa barrera.
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Fenómenos sociales conocidos, entre ellos: estallidos, revoluciones y enfrentamientos armados no logran impedir esta diferencia. Gana espacios a lo largo y ancho del sendero de la vida con fuerza titánica, en medio de resentimientos palpables demostrado está; ignorarlo es imperdonable sobre todo en circunstancias tan apremiantes.
Pasan los años, ajenos a definir una tregua, pero la equidad esconde su rostro ante los ojos de los habitantes de nuestro planeta Tierra. Por el contrario, la injusticia social hace gala de su poderío, no obstante los clamores desesperados dirigidos a un mejor estatus de vida.
Sin embargo, la eterna diferencia cabalga velozmente sobre el lomo de la humanidad misma, y las consecuencias no se hacen esperar ni siquiera segundos. Con la característica que en algunas regiones del orbe se acentúa y golpea sin misericordia. De esa suerte sin suerte, resultan invariablemente afectados los pobres.
Tocante al tórrido tema de la pobreza y sus secuelas patéticas, hay pobreza extrema en índices exorbitantes en una mayoría de países, contándose justo el caso de Guatemala. La situación de extrema pobreza o miseria prevalecientes, generan el caso crítico de la temible hambruna.
Algo que diversas confesiones religiosas pregonan: que todos somos hermanos, en la práctica adquiere enorme y contundente sentido de mucha tela qué cortar. Aunque invoquen para ello la conciencia, en precipitada fuga ésta inscribe una situación de verdad abismal por los cuatro costados, sin asomo de duda es evidente.
Criterios controversiales sostienen a pie juntillas que hay pobreza porque los sectores poblacionales señalados actúan en forma indolente y dejadez, a la espera que todo les caiga desde arriba (como a Newton las manzanas). Hoy en día la pobreza existe a pesar de doblegarse el espinazo en el trabajo los marginados para llevarle algo que mitigue el hambre a los suyos.
En estos momentos difíciles económicamente hablando el impacto devenido tiene como epílogo angustioso hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. He allí la cuestión cuyas diferencias son prueba fehaciente. El indicado conforma el crítico panorama que viven, o mejor dicho sobreviven los olvidados de la fortuna.
Ante el tema que esbozamos, sin ánimo fatalista, pero sí con los pies sobre la tierra, constituye gran preocupación a gobernantes a título propio, y en conjunto a nivel de reuniones, cumbres, etc. Precisa entonces de muchos empeños emprender batallas en contra de la pobreza, que demuestren a corto plazo resultados positivos.
Suena a contradicción hiriente de la dignidad leer, ver o escuchar cantaletas demagógicas de pobreza cero. ¿Optimismo desbordante? ¿Vivir en los cuernos de la luna acaso? Que sean acciones firmes mediante proyectos urgentes resumidos en la respuesta verdadera, y no simples palabras que se las lleva el viento.
La eterna diferencia entre ricos y pobres prosigue su marcha campante, no obstante cualquier actividad emprendida deberá sostenerse en busca de la eliminación de la pobreza algún día no lejano. Amerita compartir en la medida de las posibilidades. El mensaje presidencial de Tiempos de Solidaridad vendrá a ser si se concreta, un buen soporte.