Estrategia polí­tica


A lo largo de la historia, la estrategia polí­tica í­ntimamente vinculada al poder militar y económico ha jugado un papel de primer orden en la instauración, ampliación y consolidación de imperios. Baste recordar la evolución del sistema polí­tico internacional que desde la imposición, paulatinamente se ha movido a la negociación.

Lic. Carlos Escobedo

El estratega tendrá que desarrollar la capacidad de abstracción para evitar cruzar la imperceptible lí­nea que divide lo imaginario con lo real, una estrategia real se sustenta sobre elementos precisos y deja de lado las vaguedades o ambigí¼edades que pueden desviar el objetivo que se persigue.

El manejo conceptual entre técnica, táctica o estrategia es vital. La estrategia se define sobre la base de una serie de movimientos en el tiempo y en el espacio que permiten avanzar sobre una polí­tica articulada, precisa, con orientación. La técnica por lo regular es plana, la táctica dimensional y la estrategia tridimensional, abarca todos los espectros posibles. Este modelo aplica no sólo para la polí­tica en si misma sino también para la concepción de modelos de desarrollo y estrategias administrativas que involucran al mercado (marketing). La técnica, en todo caso resulta siendo la aplicación de conocimientos básicos y repetitivos (modelos) que no forzosamente obedecen a todas las realidades polí­ticas, habré de referirme en todo caso a las técnicas de negociación que varí­an dependiendo la realidad de aplicación.

La estrategia resulta siendo una especie de consolidación de tácticas (dinámicas, de revisión periódica, con un plan «B» incluido), la táctica es flexible, se presta al juego de las circunstancias, de los momentos; por el contrario la estrategia es fija, casi absoluta y no es una dinámica sino es un objetivo, la táctica son los pasos, la estrategia es el camino. Puedo llegar a mi objetivo trazando rutas alternas, lo importante en todo caso es llegar al punto deseado. La estrategia es un sistema integrado por procedimientos que incluyen entre otros, definición de objetivos, medios (en el término más amplio posible) y negociación entre otros.

En el manejo polí­tico, la consolidación de una estrategia es vital para dos cosas: 1) para prevenir conflictos y 2) dos, para la consecución de objetivos, entre las que se incluyen las polí­ticas publicas, el manejo del Estado, el logro de objetivos electorales o de incidencia.

En el primero de los casos, la elaboración de estrategia polí­tica sobre lo que denomino la dinámica del conflicto. Concebir una estrategia en crisis es como intentar conducir un vehiculo sin frenos, lo importante es saber manejar la coyuntura, conocer las variables, no perder la orientación. La elaboración de estrategias bajo presión pueden resultar contraproducentes sino se conserva la calma y se abstrae la estrategia de la presión. En el campo de batalla las retiradas precipitadas pueden conducir a la derrota.

Por otro lado, la elaboración de estrategias para la consolidación de objetivos, es un tema fascinante que encierra elementos teóricos y prácticos. Un buen estratega, una buena estrategia se alimenta de lo que ve y escucha. En todo caso, la buena estrategia debe permanecer abierta al dialogo, la critica, la autocrí­tica y el razonamiento constante, eso si desea alcanzar los objetivos trazados.

Ejemplos claros tiene la historia registrados, las estrategias inconstantes (dejan de ser estrategias) pierden noción, objetivos y en todo caso agravan la situación que a un principio intentaron remediar. La estrategia, repito, no pierde el objetivo, ve más allá de los árboles y no solamente el bosque.