Las palabras de Luis Ferraté, ministro de Ambiente, me dejaron frío y no es para menos, porque tiene razón cuando asegura después de analizar que Guatemala es el país más vulnerable en el continente ante los desastres provocados por la naturaleza, que «lo que estamos viendo del cambio climático es un pálido reflejo de lo que va a venir». También tienen razón tantos expertos más en la materia cuando se han quejado que nuestros gobiernos no les hacen caso, como que se ha hecho muy poco para prever que Guatemala hoy se esté cayendo en pedazos. Después de ver a través de los años que al político guatemalteco poco le importa lo que digan los científicos o expertos, nos provoca decir que el futuro de nuestro país se ve cada vez más sombrío e incierto, mientras sigamos siendo cortoplacistas o apagafuegos para solo resolver los problemas que tenemos enfrente.
Digo lo anterior, porque el gobierno de Colom ya tiene en sus manos el dinero para gastarlo a manos llenas, dizque en la reconstrucción y no porque sea desconfiado, negativo o pesimista, sino por ser realista creo que los mentados «candados», supervisión de obras o fiscalización de gastos seguirán siendo una utopía, mientras nuestro país se rija por el interés particular de tanto politiquero inmerso en la conducción de los destinos de nuestro país. ¿Me equivoco?, ¿se detuvo acaso los últimos días, a pesar de tanto desastre, la campaña electoral?, ¿quién podrá ser tan ingenuo para confiar que tanta desgracia ocurrida va a impedir que no sea utilizada de plataforma en la vasta propaganda que está por venir?
De ahí que haga mía la expresión del ministro Ferraté: «esto es sólo el comienzo». Ayer mismo me enteré que este Gobierno le propuso al Congreso dejar fuera del presupuesto la ayuda a 40 organizaciones que prestan servicios de salud a nuestra población y que el Estado no ha sido capaz de realizarlos, por lo que pregunto: ¿esa será una buena acción del mal llamado gobierno «de los pobres», para hacernos más felices, sanos y protegidos o estamos viendo desde ahora que vamos a quedar más desamparados mientras politiqueramente a través de la campaña electoral anticipada se regala dinero a manos llenas en el afán de aprisionar el poder por otros cuatro años más?
Claro que del diente al labio puede asegurarse en el Congreso que si lo que se quiere es que doña Sandra de Colom no toque un centavo de la millonada recién autorizada para la reconstrucción que requiere el país, eso se haga y se ponga, pero ello no significa que el manejo presupuestario del año entrante vaya a ser más controlado, eficaz, transparente y probo que los anteriores, mucho menos que vaya a ser eficazmente manejado, utilizando el sentido común para la asignación de prioridades. Como decía mi abuelito: «Solo el tiempo podrá quitarme la razón».