Ayer por la mañana, en su tempranero programa radial, el presidente Colom comentó con el alcalde Arzú el papel de los medios informativos y entre otras cosas el mandatario dijo: «A veces la forma de presentar la información puede provocar estímulos de violencia.» Lejos estaba el ingeniero Colom de confirmar de manera tan clara y en tan pocas horas sus palabras, puesto que un rato más tarde algunos de los alcaldes que se han estado reuniendo con él irrumpieron en una sesión de jefes de bloque y actuaron violentamente con diputados del Partido Patriota que tienen entrampado el paquete fiscal con la interpelación al ministro de Finanzas.
La forma en que el Gobierno les presentó a los alcaldes la información generó en algunos de ellos esos estímulos de violencia que se pudieron ver cuando la televisión proyectó imágenes de la zarandeada que le dieron al diputado Valentín Gramajo del PP en el momento en que éste quiso abandonar el salón en el que se realizaba la sesión de diputados.
Seguramente que la prensa sí tiene que ver con la acumulación de frustraciones de la gente y por lo tanto puede provocar esos estímulos de violencia. Especialmente cuando la prensa recoge informaciones sobre la impunidad en el país y la falta de acción de las autoridades para encarar su responsabilidad, puesto que ello es lo que ha generado linchamientos y acciones de ciudadanos que toman la ley por propia mano. En ese sentido, ideal sería que la prensa no informara de delincuentes que tras ser capturados son dejados en libertad por falta de pruebas o, peor aún, de la ausencia absoluta de la fuerza pública para prevenir el delito.
La pregunta del millón será siempre la misma. ¿Es culpable el mensajero o quién envía el mensaje? Porque el problema lo ven Colom y Arzú en términos de que la culpa la tiene quien informa. Nosotros, en cambio, creemos que la culpa es de quienes no cumplen con sus deberes y promueven la impunidad que, por supuesto, no nos parece que se pueda ni deba ocultar.
Una prensa rosa que se dedique únicamente a informar de la Guatemala de fantasía que algunos quisieran para «no dañar la imagen del país» no es garantía de que no habrá violencia, porque resulta que los linchamientos se han dado especialmente en poblados donde la circulación de la prensa no es masiva. Pero la gente no es babosa y se da cuenta que cuando un ladrón es detenido, a las pocas horas está libre para seguir cometiendo sus fechorías porque dio mordida a un PNC o a un fiscal o a un funcionario judicial. Aún sin que la prensa publique esos detalles, la gente se encabrita y actúa como turba.
¿Cree usted que ocultar la realidad nos hará mejores?