La constante vinculación, que en muchos de los casos es infundada, de la juventud hacia la criminalidad ha generado un estigma sobre los jóvenes en la sociedad; quienes son excluidos por vestir, caminar, comportarse o actuar de una forma.
gortiz@lahora.com.gt


Para vincular a un joven a las llamadas pandillas, o a hechos delictivos propiamente dichos, bastará para muchos con observar su forma de vestir o incluso el lugar en el que vive. Pero, ¿qué efectos tiene esa estigmatización de la juventud en nuestra sociedad?
El Estado es uno de los entes que criminaliza con mayor frecuencia a los jóvenes por medio de su fuerza coercitiva: la Policía Nacional Civil (PNC) detiene en muchos de los casos a jóvenes de zonas que identifican como «rojas», aunque no exista hecho flagrante, lo que se traduce en una clara violación constitucional y congestiona el sistema de justicia del país.
Sin embargo, el Estado no es el único ente criminalizador de la juventud, los medios de comunicación que día a día reproducen la información de la PNC, van generando un estigma hacia este grupo de la población, en el imaginario colectivo de la sociedad.
Lo anterior es concluido por expertos consultados en temas de juventud y justicia, quienes refieren que la estigmatización y criminalización de los jóvenes, tiene graves efectos en el país.
La Constitución establece en su artículo 5 que: «toda persona tiene derecho a hacer lo que la ley no prohíbe; no está obligada a acatar órdenes que no estén basadas en ley y emitidas conforme a ella.
Tampoco podrá ser perseguida ni molestada por sus opiniones o por actos que no impliquen infracción a la misma».
El siguiente artículo de la Carta Magna refiere que: «ninguna persona puede ser detenida o presa, sino por causa de delito o falta y en virtud de orden librada con apego a la ley por autoridad judicial competente. Se exceptúan los casos de flagrante delito o falta», sin embargo, la realidad del país parece estar aislada de esa visión, afirman los entrevistados.
JUVENTUD
Abner Paredes, coordinador del írea de la Juventud del Centro para la Acción Legal en Derechos Humanos (CALDH), considera que la estigmatización contra la juventud se da desde el propio Estado, ya que son las autoridades las que constantemente violentan el debido proceso a través de las detenciones irregulares.
«En muchos de los casos, las detenciones sólo tienen relación con el área en la que viven los jóvenes, éstas son consideradas como zonas rojas, sin embargo hay otros sectores donde sí ocurren hechos de violencia donde no persiguen a los delincuentes», declaró Paredes.
El joven entrevistado denunció además que el exceso de esa estigmatización y criminalización en la juventud lleva a las ejecuciones extrajudiciales.
Para Paredes, toda esa situación se ve constantemente reflejada en los medios de comunicación, que, a su criterio, violan en muchos de los casos el derecho a la presunción de inocencia, lo que a su vez aumenta la sensación de inseguridad en la sociedad y genera que la ciudadanía busque aplicar la justicia por su propia mano.
El entrevistado agregó que los efectos de esa estigmatización y criminalización de la juventud son la exclusión, ya que los jóvenes ven vedada su oportunidad y derecho a desarrollarse por medio del trabajo, la educación, la salud, entre otros. «No existen políticas de Estado dirigidas al desarrollo de la juventud sino sólo se ejecutan medidas represivas y no se invierte en la prevención del delito», declaró el entrevistado de CALDH.
«Lo que planteamos es que haya procesos efectivos de investigación para determinar con veracidad la participación específica de los jóvenes en actos delictivos y que ni la PNC ni el Ministerio Público (MP) se dejen llevar por denuncias sin fundamento a nivel de ciudadano», enfatizó Paredes.
EFECTOS PERVERSOS
Las dimensiones de esa estigmatización también alcanzan repercusiones a nivel jurídico. A criterio de Monterroso, encargado de incidencia del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales, la criminalización está centrada contra jóvenes con características de los estratos sociales menos favorecidos.
«La PNC generalmente captura personas con determinada forma de vestir, aspecto físico, color de piel, o características físicas que los identifican como personas de escasos recursos. Casi no hay capturas de jóvenes de clases altas», considera Monterroso.
Monterroso explica que a nivel jurídico, la PNC comete el delito de detención ilegal: «el artículo 6 de la Constitución es claro en establecer que una persona sólo puede ser detenida por haber cometido un delito o falta, en flagrancia o por orden de juez y eso sienta a los jóvenes en un círculo de estigmatización que va generando efectos en el propio individuo», citó.
El experto en temas jurídicos añade que el involucramiento de los jóvenes en el delito, da inicio por la estigmatización que se tiene en contra de él, como en el caso de los tatuajes, que no está tipificado como un delito. «A menos que sea portación ilegal de cara», ejemplificó.
Monterroso explica además que los efectos de perseguir personas y no delitos de parte del Estado, son perversos: «Esos casos no pueden ser juzgados, la PNC los detiene por tener un tatuaje, pero el MP no los puede acusar y un juez menos juzgarlos por eso. Eso genera gasto de recursos innecesarios y el colapso del sistema de justicia por tanto delito de bagatela», citó el jurista.
«Es difícil dar un dato sobre las detenciones que se hacen a jóvenes por estigmatización, porque en muchos casos, el parte policial indica que les encontraron una bolsita de droga, pero eso congestiona el sistema porque no hay testigos y la PNC justifica detenciones con hechos no reales y sin pruebas», finalizó el analista.
El Ministerio Público elaboró un informe escrito sobre la nueva forma en la que los pandilleros visten para identificarse unos de otros; pero ¿qué pasa si un joven que no pertenece a una pandilla vistiera así?
La Mara 18, indica el informe, utiliza pantalón estilo comando de tela con doblez en la pretina hacia afuera, camiseta siempre metida en el bóxer, camisa a cuadros con todos los botones hasta el cuello, entre otros.
En el caso de los MS, el documento indica que se identifican con el color rojo y con playeras con los números 33 y 13. Los tenis que utilizan son color blanco, azul y negro.
Consultados algunos agentes policiales reconocieron que la mayoría de detenciones de presuntos pandilleros son en flagrancia, y en operativos «a gran escala». La PNC también considera que los pandilleros «más violentos» son «los adolescentes y niños».