Estéril lucha contra el opio


La foto muestra una cosecha de opio en un campo del distrito de Jurum, una zona remota de la provincia afgana de Badakhshan. El cultivo de opio en Afganistán desató un

Los esfuerzos para acabar con la producción de opio en Afganistán, mayor productor del mundo de esa droga cuyo comercio ilegal alimenta a la insurgencia islámica, son inadecuados y están mal orientados, según expertos.


Afganistán es responsable del 92% de la producción mundial de opio, que alimenta un mercado de 65.000 millones de dólares con 15 millones de clientes en el mundo, según un informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen (ONUDC) publicado hoy.

Estos importantes recursos, en el quinto paí­s más pobre del mundo, benefician en gran parte a los talibanes, que financian así­ su insurrección.

La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, calificó a Afganistán de «narco-Estado», haciendo patentes los lazos entre los narcotraficantes y ciertos responsables gubernamentales.

«Confiscar el opio afgano en su lugar de producción es infinitamente más eficaz y más barato que intentar hacerlo en su lugar de consumo», subrayó el director general de la agencia, Antonio Maria Costa.

Pero como señalaba hace unos meses el enviado especial estadounidense para Afganistán y Pakistán, Richard Holbrooke, la lucha contra la droga en la región «es el programa menos eficaz que jamás haya existido».

El almirante Michael Mullen, jefe del estado mayor del ejército estadounidense, que representa los dos tercios de las fuerzas internacionales en el paí­s, también reconoció que la OTAN «no ha obtenido prácticamente ningún éxito en los siete u ocho últimos años» frente al tráfico de droga.

Sólo en octubre de 2008 los paí­ses de la OTAN acabaron poniéndose de acuerdo para arremeter contra el tráfico de droga, que hasta entonces no figuraba en su mandato. Desde esa fecha, la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) está autorizada a actuar contra los narcotraficantes y sus instalaciones.

Más de 50 toneladas de opio y 1,8 toneladas de heroí­na fueron así­ confiscadas a principios de este mes en una operación conjunta de las fuerzas estadounidenses y afganas en el sur del paí­s.

Pese a que se lanzaron programas de cultivos alternativos para los agricultores, especialmente en el sur, cuna de los talibanes y primera región de producción de opio del paí­s, éstos no han tenido gran éxito hasta ahora.

El alza del precio de los alimentos reforzó el interés por los cultivos agrí­colas, pero sigue siendo imposible para estos cultivos hacer competencia al lucrativo opio que, a pesar de una caí­da del 25% entre 2008 y 2009, se vende entre 113 y 85 dólares el kg.

La producción de opio afgano se disparó desde el derrocamiento del régimen de los talibanes a finales de 2001, para alcanzar las 6.900 toneladas en 2009, superando al consumo mundial. Las reservas de opio acumuladas en el paí­s alcanzan ahora, según la ONUDC, las 12.000 toneladas.

Los expertos se preguntan si es preferible aplicar una estrategia a corto plazo, «para lograr un impacto inmediato en la mejora de los ingresos de los agricultores» o una polí­tica a largo plazo, más eficaz pero que puede tardar hasta cinco años en dar frutos, explica Andres Judeh, de la organización USAID.

Queda por ver si los campesinos afganos podrán resistir la presión de los traficantes y las lucrativas perspectivas del cultivo de opio. O si son cada vez más numerosos en optar por el cultivo de hachí­s, en el que Afganistán está destronando a Marruecos como primer productor mundial.