Un diputado al Congreso de la República que se opone a la reforma fiscal propuesta por el gobierno del presidente ílvaro Colom, declaró que la situación económica de los hogares guatemaltecos es muy precaria y que éste no es el momento más adecuado para aumentar o modificar los impuestos.
Llama la atención que los sectores empresariales no quieren pagar más tributos al Estado, pero en cambio ellos sí están cobrando más por sus productos y servicios, con el agravante que en muchos casos no extienden facturas evadiendo sus obligaciones fiscales, además de apropiarse de lo pagado por los consumidores en concepto del IVA. Todo ello con la mayor impunidad y en nombre de la libertad de mercado.
Algunos de los núcleos más poderosos de la clase dominante literalmente están ahorcando al pueblo de Guatemala. Ayer martes en el programa de teléfono abierto «El pueblo habla» que se transmite por medio de Radio Cadena Sonora, se produjo una avalancha de llamadas de los oyentes de los departamentos, denunciando aumentos de más de 100 quetzales en las últimas facturas del servicio eléctrico.
Los oyentes enderezaron sus baterías principalmente en contra de la empresa Deorsa de capital extranjero, cuyo negocio es la distribución de energía eléctrica en varias de las regiones del territorio nacional.
En el citado programa radial, se recibieron numerosas llamadas de vecinos de Jutiapa, Escuintla, Totonicapán y Quetzaltenango exponiendo con indignación los exagerados cobros en concepto del servicio eléctrico.
En la capital de Guatemala también se ha producido un fenómeno semejante. Un jefe de familia residente en el barrio de la Recolección zona 1, relató que las facturas de los meses anteriores de la Empresa Eléctrica registraban un promedio equivalente a 270 quetzales, pero la última llegó con un cobro de 430 quetzales, lo que significa que hubo un aumento grosero de 160 quetzales en una vivienda en donde el nivel de consumo se ha mantenido en los mismos parámetros.
La empresa de telecomunicaciones, Telgua, también ha estado incrementando sus tarifas de manera solapada, además que muchas personas constantemente denuncian el cobro de llamadas telefónicas que no han realizado.
Todo este proceso agudiza el fenómeno de la pobreza quedando al desnudo el fracaso del sistema neoliberal, o etapa salvaje del capitalismo, y evidencia la purulencia de la política de privatizaciones de las empresas estatales que impulsó el tristemente célebre ex presidente ílvaro Arzú, cuyo dudoso mérito ha sido someter el interés público a los intereses privados.
En nombre de la política de libre mercado, numerosos empresarios se enriquecen más a costa de la miseria del pueblo de Guatemala.