Estamos en el lugar equivocado


«Vamos patria a caminar» Otto René Castillo

Mi primera idea era escribir sobre la necesidad de una revolución pací­fica e intelectual, pero meditando sobre uno de los sucesos acaecidos el fin de semana en el que murieron tres personas debido a una balacera y ante la explicación del Ministro de Gobernación, el sentimiento me obliga a enlazar los dos temas.

Gladys Monterroso
licgla@yahoo.es

El sábado mataron a tres personas en un céntrico lugar de la zona 10, el domingo mataron a dos pilotos del transporte público, el dí­a de ayer (lunes) mataron al joven piloto Giovanny Pineda, todas estas noticias tienen la misma importancia como para gritar desde lo más profundo de nuestras entrañas: ALTO, YA NO MíS VIOLENCIA, y esas son noticias del diario vivir en Guatemala, pero analizando un poco más y poniendo como analogí­a los hechos ocurridos el sábado cuando una balacera (como las que hay casi todos los dí­as) segó la vida de tres personas que no tienen relación alguna, más que la forma y hora de muerte, se hace necesario hacer una reflexión.

Patricia Velásquez, una niña que a esa hora trabajaba para ayudar a su numerosa familia compuesta por nueve hermanos, quien a pesar de su corta edad puso su cuerpo como escudo para salvar a su pequeña hermana en un acto de valentí­a ¿Cuántos tendrí­amos esa valentí­a?

Mynor Adolfo Luna Molina, un joven, un padre, que después de una semana de trabajo se encontraba en ese lugar, sin sospechar que su ausencia definitiva sumirí­a a su familia en el dolor, y que sus 3 hijos y su esposa no lo volverí­an a ver ¿Cómo explicará esa madre a sus hijos que su padre ya no volverá?

Jennifer Ann Prentice, una joven privilegiada por la vida, recién graduada con un doctorado del Colegio Económico de Londres, funcionaria del Banco Interamericano de Desarrollo, y que probablemente se encontraba celebrando con algunos amigos, como es normal a su edad ¿Quién devolverá a sus padres la dicha de escuchar su sonrisa? Nadie. 

¿Cuántos no hemos estado en el lugar equivocado? ¿O es que todos los guatemaltecos nacimos en el lugar equivocado?

Todas son falacias, lo que sucede es que vivimos una de las peores etapas de nuestra historia, peor aún que la época del conflicto armado, porque existí­a una justificación idealista por parte de uno de los bandos, y otra económica por parte del otro, pero hoy ¿Cómo se justifica el baño de sangre que cual chaparrón nos cae todos los dí­as? Cualquier respuesta resultarí­a ilusa ¿Quién tiene la culpa? Nosotros porque siempre hemos aceptado cualquier explicación por ilógica que suene, mañana habrá otra noticia y así­ sucesivamente se olvidará el sábado sangriento, solamente recordarán esa fecha los deudos que cada mes sentirán un desgarramiento en el alma, y se sentarán a esperar Justicia.

Pero ¿Justicia dónde estás, dónde te has escondido para no responder a este pueblo ávido de ti, y de respuestas? ¿Qué esperamos los guatemaltecos para que esa señora espigada, hermosa pero de ojos vendados nos incluya en su balanza?

Sesenta y seis años más tarde de una gesta que unió a varios grupos exigiendo justicia, y que no fue más que un pequeño perí­odo de relativa paz, porque la historia implacable siempre nos mostrará que no existen primaveras sin oscuridad, en 2010 nos encontramos en un laberinto del que solamente podemos salir si exigimos, no pedimos, que se cumplan por lo menos los primeros artí­culos de la Constitución, el lector se preguntará ¿Y por qué menciona a la Constitución? Señores, porque los funcionarios de este gobierno y los anteriores no han cumplido los más importantes artí­culos de la misma, entre los que se encuentra el 44 que establece que los derechos y garantí­as que otorga la Constitución no «excluyen otros que, aunque no figuren expresamente en ella, son inherentes a la persona humana.» ¿Cuál es el derecho más importante para el ser humano, sino la conservación de la vida misma en condiciones de dignidad, lo que conlleva seguridad en todos los aspectos, establece la misma Carta Magna en el artí­culo 155 que «Cuando un dignatario, funcionario o trabajador del Estado, en el ejercicio de su cargo, infrinja la ley en perjuicio de particulares, el Estado o la institución estatal a quien sirva, será solidariamente responsable por los daños y perjuicios que se causaren.»

Estamos ante varias omisiones graves del Estado, y tenemos los mecanismos para exigir su cumplimiento por medio de la Constitución, sin necesidad de salir a gritar lo que no será escuchado ¿Qué esperamos para exigir que se cumplan los derechos mí­nimos que como personas merecemos? TODOS/AS SOMOS PARTE DE LA SOLUCIí“N.