Quienes hemos vivido más de 70 años -como es mi caso- podemos mentalmente retroceder y decir que nuestro país nunca se había encontrado en la extrema situación en la que está hoy.
jfrlguate@yahoo.com
Hemos tenido terremotos, inviernos copiosos, también hemos sufrido los acontecimientos que implica el paso de un huracán o de una fuerte tormenta, pero no hemos tenido tantos desastres juntos en un pequeño lapso de tiempo.
Primero nos azotó la tormenta Agatha con todas las muertes, daños a puentes, carreteras, desbordes de ríos y lagos. Casi simultáneamente se produjo la erupción del Pacaya que azolvó el departamento de Guatemala de arena volcánica y las copiosas lluvias que según los datos estadísticos son las más intensas de los últimos 60 años, han producido numerosas muertes, deslaves, derrumbes, nuevamente caídas de puentes, destrucción de carreteras y por supuesto destrucción de parte de las cosechas de maíz, frijol, verduras, flores y demás.
Ante esta situación, ¿qué es lo que podemos pretender? Primero que se les otorgue a los guatemaltecos en los Estados Unidos un Estatuto de Protección Temporal, TPS, como lo han hecho con nuestros hermanos centroamericanos. Ella es la mejor ayuda que se puede dar a millones de millones de guatemaltecos que gracias al trabajo honrado y a las remesas familiares no viven en la pobreza o la extrema pobreza. Esperemos que el Presidente de la República, el Vicepresidente y el Ministerio de Relaciones Exteriores se dediquen intensamente a requerir y lograr algo que está plenamente justificado.
Ojalá que Stephen McFarland, embajador estadounidense, apoye este requerimiento de forma plena, igual que permanentemente está pidiendo que Guatemala invierta enormes recursos humanos y económicos en combatir el narcotráfico que los Estados Unidos con sus consumidores creó y estimula permanentemente.
En cuanto a la infraestructura destruida: puentes, caminos y demás, es indispensable remplazarla, reconstruirla de manera urgente; pero no volverla a hacer con las mismas características y errores sino hacerla con especificaciones como las de México para que así los puentes se vayan adecuando a poder ser usados por los exportadores, los importadores y la agroindustria con dobles furgones.
También es necesario que la Universidad de San Carlos, el Colegio de Ingenieros, el Ministerio de Comunicaciones creen una supervisión que no esté a las órdenes de los contratistas, de los constructores y que las obras que se hagan se construyan conforme a las especificaciones que se pagan. Esto también implica revisar las decisiones que se toman en las brechas y/o rasantes con que se hacen las carreteras. Ya no podemos continuar con el criterio de dejar taludes verticales, de no encontrar un entendimiento con las municipalidades para que se reforeste el derecho de vía, lo cual no solo sería beneficioso ecológicamente, crearía fuentes de trabajo, además prevendría en parte los derrumbes y deslizamientos de materiales que en nuestro país son frecuentes por la consistencia y tipos de terreno.
Volvamos a las prácticas de reforestar el país y qué mejor que hacerlo en los taludes y derechos de vía de todas las brechas y carreteras que se han hecho o que se vayan a construir.
En cuanto a los recursos o se establece el Impuesto sobre reparto y pago de dividendos y así se recauda lo que se necesita, o se le pide a los 100 grupos empresariales de mayores recursos en el país, que igual que en Alemania, acepten un impuesto temporal sobre sus ventas y así se tiene con que afrontar la grave situación en que estamos.
¡El territorio de Belice es parte de Guatemala! NO A LA CONSULTA.