Estamos con el agua al cuello


Quienes hemos vivido más de 70 años -como es mi caso- podemos mentalmente retroceder y decir que nuestro paí­s nunca se habí­a encontrado en la extrema situación en la que está hoy.

Juan Francisco Reyes López
jfrlguate@yahoo.com

Hemos tenido terremotos, inviernos copiosos, también hemos sufrido los acontecimientos que implica el paso de un huracán o de una fuerte tormenta, pero no hemos tenido tantos desastres juntos en un pequeño lapso de tiempo.

Primero nos azotó la tormenta Agatha con todas las muertes, daños a puentes, carreteras, desbordes de rí­os y lagos. Casi simultáneamente se produjo la erupción del Pacaya que azolvó el departamento de Guatemala de arena volcánica y las copiosas lluvias que según los datos estadí­sticos son las más intensas de los últimos 60 años, han producido numerosas muertes, deslaves, derrumbes, nuevamente caí­das de puentes, destrucción de carreteras y por supuesto destrucción de parte de las cosechas de maí­z, frijol, verduras, flores y demás.

Ante esta situación, ¿qué es lo que podemos pretender? Primero que se les otorgue a los guatemaltecos en los Estados Unidos un Estatuto de Protección Temporal, TPS, como lo han hecho con nuestros hermanos centroamericanos. Ella es la mejor ayuda que se puede dar a millones de millones de guatemaltecos que gracias al trabajo honrado y a las remesas familiares no viven en la pobreza o la extrema pobreza. Esperemos que el Presidente de la República, el Vicepresidente y el Ministerio de Relaciones Exteriores se dediquen intensamente a requerir y lograr algo que está plenamente justificado.

Ojalá que Stephen McFarland, embajador estadounidense, apoye este requerimiento de forma plena, igual que permanentemente está pidiendo que Guatemala invierta enormes recursos humanos y económicos en combatir el narcotráfico que los Estados Unidos con sus consumidores creó y estimula permanentemente.

En cuanto a la infraestructura destruida: puentes, caminos y demás, es indispensable remplazarla, reconstruirla de manera urgente; pero no volverla a hacer con las mismas caracterí­sticas y errores sino hacerla con especificaciones como las de México para que así­ los puentes se vayan adecuando a poder ser usados por los exportadores, los importadores y la agroindustria con dobles furgones.

También es necesario que la Universidad de San Carlos, el Colegio de Ingenieros, el Ministerio de Comunicaciones creen una supervisión que no esté a las órdenes de los contratistas, de los constructores y que las obras que se hagan se construyan conforme a las especificaciones que se pagan. Esto también implica revisar las decisiones que se toman en las brechas y/o rasantes con que se hacen las carreteras. Ya no podemos continuar con el criterio de dejar taludes verticales, de no encontrar un entendimiento con las municipalidades para que se reforeste el derecho de ví­a, lo cual no solo serí­a beneficioso ecológicamente, crearí­a fuentes de trabajo, además prevendrí­a en parte los derrumbes y deslizamientos de materiales que en nuestro paí­s son frecuentes por la consistencia y tipos de terreno.

Volvamos a las prácticas de reforestar el paí­s y qué mejor que hacerlo en los taludes y derechos de ví­a de todas las brechas y carreteras que se han hecho o que se vayan a construir.

En cuanto a los recursos o se establece el Impuesto sobre reparto y pago de dividendos y así­ se recauda lo que se necesita, o se le pide a los 100 grupos empresariales de mayores recursos en el paí­s, que igual que en Alemania, acepten un impuesto temporal sobre sus ventas y así­ se tiene con que afrontar la grave situación en que estamos.

¡El territorio de Belice es parte de Guatemala! NO A LA CONSULTA.