Estados conocidos por su represión o programas armamentistas disputan la carrera en busca de turistas y compiten con destinos establecidos.
Esta tendencia puede observarse estos días en FITUR, la Feria Internacional del Turismo de Madrid que abrió sus puertas el miércoles y cuenta por primera vez entre sus participantes con Birmania, gobernada con mano de hierro por una junta militar desde 1962.
Otros países «calientes», de controvertida reputación, también participan en este encuentro, una de las citas más importantes del sector en Europa, como los territorios palestinos, Libia, Zimbabwe e Irán, cuyas ambiciones nucleares preocupan a Israel y a Occidente.
Para Tony Wheeler, cofundador de las guías de viajes Lonely Planet y autor del reciente libro «En los países del eje del mal», una obra sobre viajes a nueve «estados fallidos», esta tendencia refleja el deseo de los turistas de visitar lugares que pocos vieron antes que ellos.
«Muchos turistas quieren ser los primeros en pasar por la puerta», explicó Wheeler.
Lejos de actuar como disuasorios, los reportajes negativos de los medios sobre algunos destinos alimentan incluso la voluntad de algunos turistas de visitarlos para hacerse su propia opinión, añadió el autor, que escribió o colaboró con más de 30 títulos Lonely Planet.
Andrew Swearingen, danés estudiante de lingí¼ística en la Universidad de Oxford, viajó a Corea del Norte en 2005 por «curiosidad morbosa», tras las declaraciones del ex presidente norteamericano George W. Bush según las cuales este país formaba parte del «eje del mal» junto con Irán e Irak.
«Corea del Norte debe ser uno de los regímenes más totalitarios del planeta. Es la primera dinastía comunista en el mundo. Quería ver eso con mis propios ojos», confió.
Los viajes a Corea del Norte, que sólo pueden hacerse mediante viajes organizados, aumentaron. El número de turistas era de unos 4.500 en 2008, frente a 600 en 2001, un año antes del discurso de Bush.
Los países que ocupan las primeras planas de los diarios por malas noticias tienen más dificultades en aparecer entre los destinos de vacaciones, admite por su parte Ross Kennedy, presidente de Africa Abida Tourisme que organiza safaris en Zimbabue.
Sin embargo, reconoce que el hecho de corregir las ideas sobre la situación del país y subrayar los atractivos logran que bajen un poco los temores y es más convincente el discurso para que los turistas viajen.
La compañía, que participa por primera vez en FITUR, registró en 2008 un aumento del número de visitantes del orden del 4% a pesar de las elecciones en Zimbabue, en las que el presidente Robert Mugabe fue acusado por los defensores de los derechos humanos de utilizar la violencia y la intimidación para conservar el poder.
«No podemos eliminar un destino simplemente por opciones políticas o por el comportamiento de un puñado de personas», explicó Kennedy.
Por otra parte, los viajeros son menos sensibles a las advertencias gubernamentales que aconsejan no visitar tal o cual país, explica Ken Shapiro, redactor en jefe de TravelAge West, una revista para las agencias de viajes.
«Ultimamente, la gente escucha con más distancia esas advertencias, que parecían más inspiradas por la política que por preocupaciones relativas a la seguridad de los viajeros», añadió.
Más de 13 mil empresas de 170 países participan en FITUR, que atrajo a unos 8 mil periodistas el año pasado, según los organizadores.