Nadie puede negar que existe una enorme crisis económica mundial, que ha sido exacerbada por la crisis financiera de los Estados Unidos. La prioridad en la atención de problemas que encuentra el próximo presidente Obama es enfrentar la crisis, porque las consecuencias de su prolongación para el país y el mundo serían funestas. En Guatemala, no podemos actuar como que si el problema no fuese nuestro. Preocupa no ver al Estado, y mucho menos al sector privado, prepararse para las dificultades que se avecinan.
Algunos efectos de la crisis se empiezan a sentir ya, como los precios de los artículos y servicios. El poco dinero de la mayoría de las familias guatemaltecas alcanza para comprar cada día menos y el cincho sigue apretándose, cada vez más rápido, en cada persona que tiene ingresos. Quienes no tienen salario o rentas, tampoco tienen cincho que apretarse. El nivel de angustia va en aumento. Para colmo, la válvula de escape que nuestra situación socioeconómica ha tenido durante más de cinco años -la migración y las remesas que produce- ha empezado ya su proceso de desactivación.
Ante una política cada vez más despiadada de capturas de indocumentados y deportaciones, que el relator de Naciones Unidas Jorge Bustamante compara con redadas «nazis», nuestro gobierno siguen siendo totalmente ineficaz en lograr alguna protección para nuestros nacionales en el extranjero. Al 4 de noviembre, Estados Unidos había deportado 23,921 guatemaltecos, contra 23,000 en todo 2008. Por otro lado, las remesas empiezan a disminuir, no solamente por la gran cantidad de puestos de trabajo que se ha perdido en los Estados Unidos, sino por el aumento de los gastos de los propios migrantes para poder subsistir y trabajar en dicho país. En octubre, las remesas registraron una caída del 7.7%, lo cual puede ir en galopante aumento en los meses venideros.
Lo que impacta de Guatemala es que no existe apuro por tomar medidas que puedan paliar los efectos de la crisis, contrario a países como China y Brasil que ya se encuentran trabajando activamente para apoyar a sus poblaciones. La Cámara del Agro ha anunciado que se espera una pérdida de 200 mil puestos para 2009; pero no plantea ninguna idea para ayudar a superar el problema. La crisis económica está acompañada de crisis alimentaria y crisis energética. Para ambas, el agro guatemalteco debería ser parte de la solución. Debería garantizarse que, por lo menos, hubiese comida para todos, así como intentar bioenergéticos que disminuyan nuestra dependencia del petróleo.
El Estado tiene un papel fundamental que jugar y una enorme responsabilidad: generar empleo con obra pública. Necesidades de obras abundan, desde carreteras y escuelas hasta vivienda asequible; pero hay que realizarlas con criterio de que sean intensivas en mano de obra. Como negocio de algunos pocos sería inmoral y antiético. El vicepresidente Espada mencionó en la República Dominicana que su gobierno iba a construir el Metro de la capital; es una buena idea, en tanto se utilice para dar ingresos a cientos de miles de familias guatemaltecas. Lo cierto es que el Estado tiene que actuar, como se hace ya aun en los Estados Unidos. La historia observa.