Reestrenamos nuevo gobierno y las ilusiones están a tope. Parecemos jovencitos adolescentes que luego de un amorío complicado, cuatro años de relación infeliz, una nueva ilusión florece en nuestra alma. El corazón palpita acelerado y el ciclo cardíaco no encuentra el ritmo. La sangre parece acumularse en nuestro cuerpo. Suspiramos como si fuéramos primerizos.
No nos apresuremos. Tomemos un calmante y consultemos al médico. El gobierno actual, como cualquier otro del pasado, seguirá la misma tónica y, al final, si no nos serenamos nos expondremos a un nuevo fracaso sentimental. Relax, ponga incienso en casa y frótese los parietales.
No quiero ser aguafiestas, pero fíjese, no le miento. Observe tan solo la lógica de las personas a las que Otto Pérez Molina ha invitado a su gobierno. Comencemos por Godofredo Rivera (Gudy), ahora Presidente del Legislativo. Su elección no pareció ser orientada por la capacidad intelectual del sujeto ni por su demostrada pericia política. No, nada de eso. Intelectualmente es anémico: lea la reciente entrevista que le hizo elPeriódico y se dará cuenta de la flaqueza humana del muchacho.
Observemos la designación de Harold Caballeros. No se puede ocultar que tal nombramiento no es producto de sus calidades personales para ejercer el puesto. ¿Ministro de Relaciones Exteriores? Increíble. Cierto, él tenía relaciones con lo trascendente y se comunicaba –quizá hasta hable aún– con Dios Padre, pero eso no es tener relaciones exteriores, eso es otra cosa. Su currículum con el Creador no lo capacita para el puesto que tiene. Pero ahí lo tiene: todo un novicio bateando en el puesto. Ya se imagina el futuro que nos espera.
Ahora hablemos de Efraín Medina. El General lo ha nombrado Ministro de Agricultura, Ganadería y Alimentación. El problema con el ingeniero Medina es que en los puestos por los que ha pasado no ha demostrado capacidad alguna. Su trayectoria no nos hace agua la boca. Por el contrario, ha dejado una estela de dudas y sospechas en su ejercicio como administrador y técnico. Los colegas de la Universidad de San Carlos son los más capacitados para hablar del tema.
En fin, Otto Pérez Molina ha demostrado con tales designaciones que es un político pragmático. A Godo lo designó porque es un sujeto fácilmente moldeable: “Dirección nacional, ordeneâ€. Los excandidatos unionistas, Caballeros y Medina, para pagarles un favor. Y la misma lógica siguió con Nineth Montenegro a la que el estadista le puso un bozal designándola segunda vicepresidenta del Congreso. Inteligente el muchacho, muy práctico.
Con tal reflexión no quiero quitarle el suspiro. Pero, no se vaya de boca, dosifique su pasión y, sobre todo, haga memoria de tantas frustraciones sentimentales por las que ha pasado en su vida.