Decenas de migrantes indocumentados mueren por deshidratación cuando intentan cruzar el desierto para llegar desde México a los Estados Unidos, por lo que un grupo de activistas suman esfuerzos para evitar que más vidas humanas se pierdan en la ruta del «sueño americano».

El sofocante calor del desierto es tan intenso que se concentra en la arena, a tal grado que el clima se torna insoportable en El Ocotillo, un poblado de California, en Estados Unidos, que colinda con el territorio mexicano y que forma parte de la ruta de miles de indocumentados cada año.
Sin agua, ropa adecuada y una condición física apropiada, la muerte en el desierto es casi segura, dice Laura Hunter, una mujer de origen mexicano que conoce la realidad de las tierras secas y calurosas de Norteamérica, donde frecuentemente la muerte encuentra a los osados indocumentados.
Aunque no se tienen cifras oficiales, se sabe que las muertes por deshidratación se incrementaron en los últimos años en El Ocotillo, al mismo tiempo que aumentaron los flujos migratorios hacia el norte.
La falta de agua hacía que cada vez más personas con intenciones de migrar se quedaran varadas en medio de las llanuras, sin ninguna esperanza de vida y con la muerte como único destino.
Laura, junto a su esposo John Hunter, decidieron hacer algo al respecto. «No podíamos seguir viendo como simples espectadores el drama por el que tenían que pasar cientos de mexicanos, centroamericanos y demás latinos», indicó. Por ello, fundaron la organización no gubernamental Water Station (Estación de Agua), que tiene el objetivo de proveer del vital líquido a los migrantes que atraviesan el desierto, colocando abastecedores en distintas estaciones ubicadas en puntos estratégicos de la ruta de los indocumentados.
Así, cada año instalan estaciones de agua, a una milla de distancia entre sí, en la parte del desierto con mayor tránsito de migrantes, con lo que se beneficia a cientos de personas que sólo pasan por el lugar.
«Nuestro objetivo es salvar la vida de las personas que atraviesan el desierto sin ninguna seguridad ni protección», dice Laura, al tiempo que asegura que el número de muertes se redujo desde que el trabajo de Water Station empezó a rendir frutos.
RESULTADOS
Uno de los indicadores de efectividad en su trabajo, dice Laura, es que cada vez se encuentran menos cadáveres en el desierto, y a la vez, se consumen más galones de agua en las estaciones de abastecimiento.
«Nuestro trabajo es para los migrantes, pero en ocasiones, también es aprovechado por los agentes de la patrulla fronteriza, que beben del agua de las estaciones cuando se quedan sin sus reservas», refiere John.
El equipo de Water Station está integrado por varias personas; la mayoría son voluntarios que dicen estar «orgullosos» por el resultado de su trabajo y los efectos positivos que tiene en su comunidad.
Richard Homick, uno de los voluntarios -que supera los 70 años-, dice que se siente complacido al hacer un trabajo que beneficia a un grupo desprotegido, como son los migrantes indocumentados.
«Era dramático saber que a solo unas millas de mi casa estaban muriendo personas porque no tenían agua para beber, por lo que decidí involucrarme en el proyecto», señaló.
De la misma manera están involucradas amas de casa, contratistas y otros miembros de los poblados aledaños a El Ocotillo, que tienen ocupaciones particulares pero que participan como voluntarios en su tiempo libre para trabajar las estaciones.
AUXILIO
Las estaciones de Water Station son visibles en el medio del desierto, debido a que cada una cuenta con una bandera izada a tres o cuatro metros de altura, que es visible desde la lejanía.
Los galones de agua se colocan dentro de contenedores de plástico reforzado, con una tapadera doble, con la que se mantiene el líquido fresco en su interior.
Laura asegura que algunos de los migrantes que beben el agua de las estaciones dejan pequeñas contribuciones.
«A veces me encuentro algunas monedas mexicanas, de personas que seguramente están muy agradecidas por el agua. Eso es muy conmovedor e inspirador para quienes estamos involucrados en el proyecto», añade.
No hay duda que el proyecto es exitoso y que los migrantes que intentan cruzar la frontera aprovechan el agua de las estaciones, ya que cerca de éstas se encuentran algunas prendas de ropa, residuos de alimentos y algunas pertenencias de los indocumentados.
De esa manera, los activistas de Water Station han encontrado mensajes en idioma español e incluso, algunas figuras religiosas que comúnmente son portadas por los indocumentados como una especie de amuleto.
«Sabemos que no le estamos garantizando la vida a las personas y mucho menos de que van a tener éxito en los Estados Unidos, pero creemos que nuestro esfuerzo reduce el sufrimiento de personas, que como nosotros, se merecen una oportunidad», apunta John.
Laura Hunter
John Hunter