«Estábamos muy cerca»


Con el gusto amargo de a quien no le han dejado concluir su trabajo, el teniente coronel de reserva Amos explica que el ejército israelí­ estuvo «muy cerca de dar con la cúpula de Hamas» en su ofensiva en la franja de Gaza, que estima se repetirá muy pronto.


«La operación no fue concluida, necesitábamos dos o tres dí­as más. Estábamos muy cerca del lugar donde sabí­amos que se encontraban (el primer ministro de Hamas, Ismail) Haniyeh y el resto de su gobierno. Estaban escondidos en un búnker, bajo el hospital de Chifa», en la ciudad de Gaza, afirma este militar.

Como todos los jefes de unidad, este teniente coronel, arquitecto en tiempos de paz, no puede revelar su verdadero nombre por orden del Estado, que teme que sean acusados de crí­menes de guerra en el extranjero.

Israel lanzó su mayor ofensiva el 27 de diciembre contra el movimiento islamista Hamas en la franja de Gaza, en respuesta a los disparos de cohetes contra su territorio.

El pasado domingo, el gobierno israelí­ decretó un alto el fuego unilateral, imitado unas horas después por el grupo islamista, poniendo fin a las hostilidades que dejaron unos 1.300 palestinos muertos.

Amos no esconde su malestar por la decisión del gobierno de cesar una ofensiva que estima «se hizo esperar demasiado tiempo», una opinión expresada por muchos militares a la prensa local a su regreso del frente de batalla.

La ofensiva en Gaza «fue planeada durante dos años. Todos en el ejército sabí­amos cuál serí­a nuestra misión. Pero fue pospuesta, aplazada (…). Todo este tiempo (de espera) fue una broma pesada», afirma el militar, que se expresa ahora que ha dejado el uniforme.

El gobierno israelí­, que no estaba dispuesto a permitir que sus soldados hicieran declaraciones a la prensa durante la ofensiva, confiscó hasta sus teléfonos móviles antes de que ingresaran en la franja.

El teniente coronel de reserva fue llamado al frente el mismo dí­a en que se lanzó la ofensiva terrestre, el 3 de enero, para combatir cuerpo con cuerpo con los militantes de Hamas.

«Esperábamos una confrontación directa, pero la técnica de Hamas fue huir. Siempre se encontraban unas calles por delante de nosotros», recuerda el militar.

Pero «los rodeamos por cuatro frentes, presionándolos más y más. Estuvimos muy cerca de atraparlos», insiste.

Unas 4.000 viviendas quedaron completamente destruidas y 17.000 sufrieron daños en la franja de Gaza como consecuencia de los bombardeos israelí­es, según datos de la oficina de estadí­stica palestina.

Amos justifica, según su visión, esa devastación.

Los militantes huí­an dejando atrás «trampas explosivas en todos los edificios y nosotros, como no tení­amos tiempo ni ganas de ponernos en peligro, alertábamos a la aviación para que los demoliera».

Los aviones israelí­es «bombardeaban la casa con explosivos, desmoronando a la vez los edificios adyacentes».

El militar desconoce hasta qué punto la ofensiva minó la capacidad operacional de Hamas, considerado un grupo terrorista por los paí­ses occidentales, pero está seguro de que el número de bajas fue superior a los 48 militantes de los que dio cuenta el grupo islamista.

«Tenemos una tecnologí­a muy inteligente. Hamas creí­a que los veí­amos a nivel horizontal, pero los detectábamos desde las alturas, gracias a nuestros aviones sin piloto. Los observábamos correr y «boom»: era muy simple».

El teniente coronel critica a los paí­ses occidentales, pues considera que una «polí­tica de doble rasero con Israel» al denunciar la guerra en la franja de Gaza.

«Cada vez que hay problemas en Europa», como los disturbios en los suburbios de inmigrantes de Parí­s en 2005, los dirigentes «no dudan en actuar», argumenta.

Y sostiene que el elevado número de ví­ctimas civiles dejado por la ofensiva -más de la mitad de los 1.300 fallecidos, según los palestinos- se debió a que Hamas lanzaba sus cohetes contra Israel escudándose en guarderí­as, escuelas o centros de la ONU.

El grupo islamista «no tiene una gran capacidad militar, por lo que nos obligaba a apuntar hacia lugares donde habí­a civiles, y eso era nuestro punto débil», asegura.

De regreso a su vida de arquitecto, en su despacho decorado con los planos de lujosas urbanizaciones, el teniente coronel estima que el objetivo explí­cito de la ofensiva, reducir el número de cohetes disparados contra Israel, se cumplió.

Lamenta no obstante no haber recuperado a Gilad Shalit, el soldado israelí­ capturado por milicias palestinas desde 2006. «Me avergí¼enzo de ello, pero tampoco creo que se encuentre en Gaza. Estoy convencido de que está en Irán», afirma.

El teniente coronel está persuadido de que la última ofensiva contra Hamas no es el final de la historia.

El grupo islamista se «rearmará en menos de dos meses» e Israel volverá a atacar, «no mañana, sino dentro de un año», declara.

Quizá por ello, estima, el gobierno israelí­ decidió declarar un alto el fuego unilateral: «Sabe que podemos volver a hacerlo de nuevo, no hay prisa».