Es obvio que la fortaleza electoral del actual gobierno la ha encauzado hacia los programas de Cohesión Social. Eso se dijo desde el inicio del actual período, y pese a las críticas, persistieron en esos programas, a sabiendas que le podrían otorgar buenos resultados en las urnas.
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La oposición sabía de este panorama, por lo que intentaba criticar a Cohesión Social, pero de tal forma que no se mostrasen en contra de los programas, porque eso sería un suicidio político, es decir, estar en contra de programas populistas.
Fue el mismo Gobierno que propició el ambiente para las críticas, al insistir en mantener estos programas con poca o nula transparencia. De tal suerte, que el presidente Colom y otros de sus funcionarios se quejaron de que la Prensa (sobre todo la escrita) no resaltaban las «bondades» de estos programas, sin haber imaginado nunca que la estrategia de comunicación de Cohesión Social fue pésima y que peleó siempre contra los medios de información.
El Gobierno ha gastado casi tres años en impulsar estos programas con un aparente objetivo electoral, por lo que los partidos de oposición han tenido que luchar contracorriente para evitar que el oficialismo capitalice con votos en las Elecciones 2011.
En consecuencia, es obvio que la principal carencia del Gobierno actual es la poca efectividad de sus políticas de seguridad, un tema más sensible entre la población votante, más que el tema de las remesas condicionadas, destinadas a un sector usualmente apático electoralmente hablando.
Con la aprobación, anoche en el Congreso de la República, de la restitución del indulto presidencial para la pena de muerte, los partidos políticos marcaron el camino que predominará las elecciones. Como condición del indulto restablecido, se estableció que éste entre en vigencia hasta enero de 2012. Es decir, que el próximo presidente electo será quien reciba el paquete de hacerse cargo de enviar (o no) a la inyección letal a los condenados.
Cabe recordar que, a inicios del presente período gubernamental-legislativo, el Congreso ya había restablecido el indulto presidencial, pero Colom vetó el decreto. Obviamente, la oposición, a sabiendas que la inseguridad es el «cuco» del actual Gobierno, quiso poner contra la pared al presidente, ya que el tema de la pena de muerte tiene opiniones divididas entre la población, por lo que nunca se quedará bien sea la decisión que fuere.
Con el restablecimiento del indulto presidencial (que restablece, de paso, la ejecución de la pena de muerte), es obvio que los diputados (que son los mejores operadores de los partidos políticos) marcaron la ruta del tono de las campañas proselitistas del próximo año, favoreciendo que las propuestas se encaminen hacia la seguridad y justicia, dos ámbitos en que el oficialismo ha fracasado rotundamente.
Quizá el Gobierno -con el sabido empecinamiento del presidente Colom- continúe en su estrategia electorera de Cohesión Social, el ataque sistemático a la prensa que no alaba sus programas y concentrar sus recursos en el populismo. Sin embargo, el tono de la campaña será otro, y si no realiza acciones para cambiar, el trabajo de Cohesión Social no se capitalizará en las urnas.