Espléndidos empresarios de la industria tabacalera


 Cuando anteayer leí­ la noticia en Prensa Libre por poco me desmayo de la emoción. Mis miopes ojos color tabaco ruin casi se llenan de lágrimas. Mi cansado corazón palpitó más de prisa; mis manos no podí­an sostener con firmeza las hojas del periódico, en fin, hasta me asaltaron leves intenciones de visitar el recipiente para residuos lí­quidos.

Eduardo Villatoro

 Es que no lo podí­a creer. Y aún me resisto a darle crédito a lo que leí­ con tanta  amarga ternura, ¡Oh gentiles magistrados de la Corte de Constitucionalidad!, porque resulta que ustedes, para usar un lugar común, son más papistas que el Papa. Y al escribir esta palabra me refiero al Pontí­fice Romano, más empeñado en llamar al redil a los curas pedófilos que en conocer los ajetreos de los guatemaltecos con olor a nicotina, y de ninguna manera estoy aludiendo a ese tubérculo comestible rico en almidón que ustedes, ¡Oh sacros abogados!, han de haber degustado en alguna ocasión en miserables restaurantes de Europa y Estados Unidos, durante sacrificados viajes de estudio y de trabajo.

 Para ir al grano ¡Oh sabios intérpretes de la Constitución!, resulta que personeros de la British American Tobacco C.A. están dispuestos -¡Ah qué ánimo más altruista!- a entablar un diálogo con el Gobierno, siempre que sea «constructivo», según lo puntualizaron, para «obtener un sistema de impuestos aplicable, justo y que permita la sostenibilidad de esa industria». ¿No les parece, ¡Oh pródigos togados!, que se trata de un gesto magnánimo?, sólo digno de las almas más puras y santificadas que se puedan encontrar en este mundo cruel.

 Y todo porque ustedes, ¡Oh eruditos juristas!, emitieron un fallo por medio del cual tuvieron la amabilidad de eliminar de la Ley de Tabacos y sus Productos un artí­culo que permite que la bondadosa empresa ya no tribute Q134 millones anuales al Estado, de los cuales Q18 millones se destinaban al Ministerio de Salud. ¿Se dan cuenta, ¡Oh cuerdos letrados constitucionalistas!, que los empresarios de la compañí­a tabacalera favorecida son más espléndidos que ustedes?, porque quizá allá en lo más recóndito de sus conciencias saben el daño que le provocan a  adolescentes, jóvenes y adultos adictos al cigarrillo; mientras que ustedes, ¡Oh caritativos jurisconsultos!, sólo se atuvieron a la letra muerta de la Ley y no pensaron en el aspecto relacionado con la salud de los guatemaltecos.

 Probablemente, ¡Oh peritos del Derecho!, ustedes pasaron por alto los efectos de consumir tabaco, acerca de los cuales publiqué un artí­culo el jueves anterior; pero para intentar ser más enfático les traigo a su memoria que el 92% de los casos de cáncer del pulmón es derivado de fumar cigarrillos, según la Sociedad Respiratoria Europea, y que sólo el 8% de los pacientes de ese cáncer padecen de esa enfermedad por predisposición genética.

Posiblemente se les pasó por alto, ¡Oh sabios jurisconsultos!, que fumar tabaco es responsable del 50% de los casos de cáncer de la vejiga, y que un determinante factor de riesgo para el cáncer colorrectal es el consumo de ese nefasto producto,  y ese mismo hábito o vicio, según la percepción de cada quien, es un elemento considerable para padecer de cáncer de páncreas. 

 Que duerman bien, sin pesadillas, ¡Oh dignos magistrados!

 (El fumador Romualdo Tishudo le pregunta al doctor Apapucio Arturo Talishte: -Cuando camino me fatigo mucho, ¿Qué debo tomar? El médico replica: -Un taxi … y dejar de fumar, ¡ahora mismo!).