Esperanzas en el gobierno de la Esperanza


A cada cuatro años lo mismo. Hoy la población cifra esperanzas de nuevo en el gobierno de la UNE. De aquí­ en adelante representantes de la unidad nacional. Una actitud natural y persistente a nivel de aspiración general, por un estado de cosas mejor, de cara a las situaciones venideras.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Sí­ tiene repitencia manifiesta entre los diversos segmentos poblacionales con intensidad, sobre todo por quienes pregonaron durante la campaña electoral el lema de la Esperanza. Luego, entonces, compete a los nuevos mandatarios poner en marcha su plan de gobierno inmediatamente. Resultados, resultados, es el clamor.

Sabedores de la crí­tica herencia recibida de un Estado fallido, el empeño consiguiente es entrarle al caso de ordenar la casa. Que el equipo inscrito en el Gabinete donde ya se tilda abiertamente la ausencia del pluralismo tan esperado, tome rumbos deseables desde el primer dí­a.

Hay grandes expectativas respecto a la presencia de colaboradores cercanos, entre ellos los grupos étnicos y del género femenino en cuadros medios. De haber sido mayor, sin temor a dudas tendrí­a la auténtica integración, siempre mediante cabildeos y acuerdos de cara a la democracia verdadera.

Meta indeclinable resulta por la trascendencia anhelada, patentizar a través de la institucionalidad, bastante tenida a menos en los últimos gobiernos, la ubicación urgente y necesaria. Base del desenvolvimiento posterior, garante de la gobernabilidad, raí­z innegable del buen gobierno.

Sus cercanos colaboradores y por extensión el resto del andamiaje burocrático amerita exigirles absoluta responsabilidad y entrega, eficiencia como trato correcto al público. Si es preciso modificar ciertas plazas que apunten al éxito, no detenerse en darle marcha. Cuando sea notorio el cambio por la ciudadaní­a, los objetivos serán cumplidos.

Otro aspecto, basamento ideal, que debe ser hermosa realidad es la guerra a la pobreza y la inseguridad; lo mismo a la corrupción, nepotismo y movidas chuecas. Sanción, sin que les tiemble la mano, de todo acto ilí­cito en las esferas administrativas del gobierno central, que se proyecta a los departamentos.

Que el nuevo gobierno cumpla sin pensarlo más en rebajarse el binomio al frente de la nave, los 100 mil quetzales autorrecetados por el de Berger desde el mes inicial. Mes a mes esa suma hace mucha falta en otros renglones, y, además, es un insulto a la pobreza y extrema pobreza de tanto connacional.

Encajará bien el calificativo de gobierno de la Esperanza, en la medida que entren en acción medidas destinadas a frenar la inseguridad y criminalidad. El desarrollo y progreso del área rural pende de la atención debida y efectiva. Recuerden que el interior constituyó su mayor elector.

Defender a capa y espada (sin dedicatoria) el patrimonio nacional es cumplir con su deber. No tanto derroche de publicidad, puesto que las obras realizadas representan su obligación y cargo. Solamente de esa forma volverá a reinar la tranquilidad de la ciudadaní­a esquilmada y defraudada.

Trabajo titánico y desafí­os tremendos afrontan con la herencia en sus manos. Pero no imposibles de solución con buena voluntad y entusiasmo por engrandecer la patria, «que es una casa grande donde vivimos todos», dice el poeta Julio Fausto Aguilera en su expresivo poema: La Patria que yo ansí­o.