Estimado/a lector/a, antes de dejar de enterarse de este texto si le parece aburrido, le sugiero que no se detenga hasta el final, porque podría serle útil, sobre todo si participa asiduamente en las redes sociales, porque una nueva herramienta cibernética para el desarrollo se ha puesto en práctica en Brasil, con posibilidades de que si, como se espera, los resultados son efectivos, se extienda al resto de países latinoamericanos.
Se le ha denominado Consumo Colaborativo a un mecanismo destinado a compartir o permutar aparatos electrónicos, libros, ropa, calzado, instrumentos, muebles e, incluso, bicicletas y hasta automóviles, los cuales pueden ser alquilados durante períodos breves.
Según un despacho de la agencia Tierramérica, fechado en Río de Janeiro por la periodista Fabiola Ortiz, y que no han publicado los medios impresos, ese sistema cibernético asoma en el mercado de bienes y servicios de las grandes ciudades como una forma de actuar con más conciencia en momentos en que el mundo debate formas de reinventarse para afrontar la severa crisis económica y ambiental.
El mecanismo que he esbozado es una práctica de consumo que se suma a la actual demanda de acciones sostenibles con la tecnología, de suerte que cuanto más avancen los nuevos medios, más fácil será realizar búsquedas en Internet y elegir servicios. Aunque la nueva tendencia está ingresando tímidamente al mercado brasileño, ya se crearon los primeros portales web de consumo colaborativo, siendo los sitios pioneros BuscaLá y DescolaAi.com.
Según Leilson Duarte, citado por la periodista Ortiz, este modo de consumo es una forma extremadamente consciente e importante para el futuro del planeta y puede ser trabajado de diversas maneras, como trueque, alquiler o venta de cualquier producto; criterio que comparte la prestigiosa revista norteamericana Time, que definió al consumo colaborativo como una de las 10 ideas capaces de cambiar al mundo.
En las plataformas de trueques, el interesado busca los productos que necesita e informa lo que puede dar a cambio, de manera que a partir del momento en que una oferta y una demanda se identifican y se complementan, el sistema pone en contacto a dos usuarios.
Permutar un producto que ya no se usa -en vez de tirarlo al tonel de los desperdicios o de arrinconarlos en el cuarto de los cachivaches, como solemos hacer los guatemaltecos- por otro que se necesita, es una forma de dejar de consumir mercadería nueva, evitando así la fabricación de otras piezas, lo cual evita la acumulación de basura.
Duarte explica que, por ejemplo, “Lo importante no es tener una cámara fotográfica sino poder tomar la foto; no se precisa ser dueño de un taladro, pero sí tener acceso a uno de esos instrumentos cuando se presenta la necesidad”. Puede colegirse fácilmente que este sistema no está diseñado para que sea adoptado por las clases pudientes, aunque si éstas adquieren conciencia acerca de los graves perjuicios que implica prácticas exageradas de la sociedad de consumo y del daño que se ocasiona al medio ambiente desechar multitud de objetos que ya no utilizan, podría capturar la atención de las clases sociales de mayor capacidad económica y, de esa forma, contribuir a mejorar las condiciones precarias del planeta.
BuscaLá tiene como aliadas de importancia a las redes sociales, que tanta influencia ejercen en las capas medias de la sociedad, principalmente a Facebook y Twitter, que alcanzan un crecimiento sorprendente cada mes. Esa plataforma recibe actualmente 150 mil visitas mensuales y ofrece más de 40 mil productos, que vuelven disponibles los propios usuarios registrados.
Usted haga la prueba ahora mismo.
(El cibernauta Romualdo Tishudo, al ingresar a Facebook, encuentra a un hombre conduciendo un picop que lleva este letrero:-Esta unidad es vigilada por mi mujer y mi suegra, vía satélite)