La contienda electoral a tan solo unos cuantos días más allá de la veintena se desenvuelve entre el escándalo, los asesinatos, los mutuos señalamientos, las adherencias y las dimisiones. Todo ello sin embargo, no logra despertar un pronunciado interés que permita anticipar una masiva concurrencia a las urnas el próximo 4 de noviembre.
Si lo que estamos viviendo es un escenario marcado por la apatía en lo político, los principales responsables de ese desgaste o desdén son los propios políticos, los recién incorporados y los de larga «vida» pública. En medio de ello, está también el marcado interés por los contendientes a la segunda vuelta en su coqueteo con las autoridades locales electas el pasado 9 de septiembre. De pronto ambos comandos de campaña vieron hacia el centro del poder electo municipal.
Conocemos levemente lo relativo a los acuerdos fijados por ambos y por los alcaldes electos que les simpatizan en cuanto al impulso de proyectos específicos. El engranaje es más complejo que la asunción de los referidos compromisos. La programación en el tan manoseado «Listado Geográfico de Obras» no es un proceso que se define con celeridad. Ambos contendientes carecen de la suficiente fuerza legislativa para impulsar sus «propias prioridades». Ello anticipa una frustración que se acentuará en paulatino descontento y hasta repulsa futura.
Se requerirá de mucha persuasión para inducir procesos que sean susceptibles de ser concretados en el corto plazo. El bloque de Gana, si no se desgrana y la reducida pero disciplinada suma de los votos del FRG, se habrán de constituir en engranajes de relevancia para alcanzar acuerdos en el legislativo (por dónde sea que se vea) sean éstos solicitados por cualesquiera de las fuerzas en contienda para el 4 de noviembre.
Ver hacia lo local tiene una lógica más allá de lo electoral. Volver hacia la administración del municipio, la municipalidad, es la acertada visualización para impulsar un conjunto de acciones que en efecto tiendan a mejorar la calidad de vida de la población. Los recursos y las amplias capacidades para impulsar sostenidamente la descentralización es el adecuado complemento al fortalecimiento municipal para alcanzar nuevos estándares en la calidad de vida y la prestación de servicios públicos y el desarrollo local con alcance nacional.
Pero aún y con todas sus bondades municipales, el peso específico de los 16 municipios del departamento de Guatemala y el del Distrito Central señalan que la acentuación de los mensajes y de las actitudes tienen que darse en estos dos ámbitos territoriales. De ello ha obtenido un respaldo casi abierto el general Pérez Molina por parte de la prensa impresa matutina. Si a este conjunto de respaldos se agregan los erráticos desaciertos del devenir estratégico del ingeniero Colom Caballeros, otro inesperado escenario estaremos por contemplar.
Un «presidente rural» y un «presidente urbano». Eso ya se ha dado en el pasado. Pero ahora esa acentuación amenaza la frágil gobernabilidad nacional expresada desde lo local. Eso es lo nuevo. Eso es lo inesperado (entre otros aspectos).
En mis tiempos de dirigencia estudiantil universitaria, cuando nos percatábamos de la amenaza por concretar la realización de nuestros planes solíamos decir que de pronto «la Historia nos rebasa». Tal el sino que se cierne sobre el sistema de partidos políticos nuestro. La gran diferencia con aquello, respecto de los momentos actuales es que ahora los principales actores, los políticos pareciera que no se dan cuenta de tal situación. El colapso está anunciado y los errores por ser cobrados. El 4 de noviembre habremos de reafirmar nuestras sospechas o talvez (en el menor de los casos), enmendar nuestras reflexiones y admitir que de pronto, nuestro juicio es el equivocado. Ya veremos a quién le da la razón la voluntad popular que pronto se expresará en las urnas. Nuevos paradigmas se impondrán y el advenimiento de nuevos «vientos» políticos, a pesar de lo sano de nuevas incursiones, no necesariamente es lo mejor que el país se merece. Ya veremos, ya veremos.