Los testimonios por el caso abierto en Guatemala contra ex militares por delitos de genocidio continúan en España; las audiencias de declaración de las víctimas y familiares han narrado hechos atroces imputados en su mayoría al Ejército, patrulleros de autodefensa civil y la Policía Judicial.
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Desde la semana pasada, la Audiencia Nacional de España ha prestado atención a las declaraciones de catorce testigos (sobrevivientes y familiares de víctimas) y dos peritos técnicos. Según la Fundación Rigoberta Menchú, las testificaciones serán de entre 40 y 50 personas, las cuales continuarán a lo largo de todo el mes.
Crímenes atroces
Los declarantes, quienes actúan como testigos protegidos, razón por la que no se revelarán los nombres, narraron una serie de crímenes cometidos por el Ejército en la década de los ochentas.
Uno de los testigos es actualmente agricultor y su idioma materno es el achí; éste relató sobre la masacre en Río Negro ocurrida en 1982: «durante el gobierno de Lucas García, cuando se crearon las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC), estos y los comisionados militares entraban a las aldeas matando a la gente porque las acusaban de ser guerrilleros».
El mismo declarante continuó: «la primera captura que se hizo allá en Río Negro fue en el mes de enero de 1979 cuando llegaron unos 100 soldados del Ejército que rodearon la aldea; muchos huyeron pero se llevaron a ocho personas; los patearon, los amarraron y los uniformaron como los del Ejército, les pusieron pasamontañas para que no se diera cuenta la gente…»
Sangriento febrero del 81
«Iba camino a una finca como a las diez de la mañana del 16 de febrero y vi que venía el Ejército en el camino. Le avisé a una señora pero ella dijo que no se iba y me retiré a un punto lejano para ver qué iban a hacer: el Ejército la rodeó, la señora tenía una hija y una nuera, creo que la estaban visitando pero ya se retiraban; una de ellas estaba embarazada. El Ejército alcanzó a una y la mató a machetazos y la otra escapó…»
«Después regresaron a la casa, agarraron a la señora y la amarraron a un palo, le cortaron la barriga, le sacaron al bebé y lo golpearon contra el palo. Le prendieron fuego a la casa, ahí murieron ocho personas; la casa cayó sobre ellos. Yo escuché los gritos».
Otro de los atestiguantes dijo que cuando tenía once años masacraron a su madre y a todos sus hermanitos. Mientras él estaba presente, los militares partieron a uno de sus hermanos en dos partes según dijo en su declaración.
Perito
Uno de los técnicos que acompañó al primer grupo de declarantes (perito) presentó también su declaración como testigo, en la cual reconoció que los métodos de los militares incluyeron la tortura, la desaparición forzada, genocidio y terrorismo de Estado.
El perito dijo sobre el terrorismo de Estado: «el teniente Romeo Sierra dijo que en el tiempo que llevo aquí no ha caído un solo subversivo, sólo mujeres y niños». Otro de los militares que el declarante aseguró haber entrevistado manifestó: «cuando huyen a la montaña hay que matarlos, a veces hombres, a veces mujeres. No muchos, unos 20».
Los hechos de todos los anteriores relatos y otros fueron imputados por los propios sobrevivientes y expertos al Ejército, patrulleros de autodefensa civil y la Policía Judicial de la época.