La crisis del crédito hipotecario en Estados Unidos que está derivando en una recesión económica y la incontenible escalada de los precios del petróleo, son situaciones que amenazan con convertirse en el desencadenante clave de un proceso recesivo a escala mundial. En nuestro país ya empezaron a sentirse los efectos del alza imparable de los precios de los combustibles, esto se observa por el sofocamiento y la angustia de las familias guatemaltecas cuando se acercan a los mercados y a las gasolineras, sumándose a esta preocupación empresarios y economistas nacionales por el inminente deterioro de nuestra economía.
Ante esta circunstancia, considero necesario iniciar medidas urgentes de ahorro, por supuesto, esto simultáneamente a diseñar un plan estratégico de desarrollo energético que apunte a una solución definitiva de nuestra alta dependencia de los derivados del crudo. En este sentido resulta esperanzador mencionar que varios países del hemisferio ya están en ese camino. En Colombia por ejemplo, y a pesar de que este país produce petróleo, ya se están definiendo extensas áreas para cultivos destinados a la industria del etanol, según mencionan, tratando de no tocar actuales y futuros suelos agrícolas abastecedores del mercado de alimentos. Pero mientras estas estrategias mediano o largoplacistas tienen sus efectos, países como Chile, Costa Rica y otros, ya han empezado una campaña de ahorro energético a nivel nacional.
Aquí en Guatemala algunos ya han dado algunas ideas para contener los efectos del encarecimiento de los precios de los derivados del petróleo. Alejando Sinibaldi es uno de ellos, ha propuesto en el Congreso Nacional exonerar temporalmente el pago del impuesto a la importación y distribución de los combustibles. En lo personal considero esta propuesta como muy poco realista. Es una medida que acaba de implementar el gobierno chileno, también con carácter temporal «mientras los precios del petróleo continúen en niveles tan elevados como los actuales». Considero que el leve descenso en los precios del crudo que observamos la semana pasada, no es precisamente un indicativo de una tendencia hacia la baja. El reciente historial de estos precios sugiere todo lo contrario. El problema que veo con la propuesta de Sinibaldi es que con la exoneración de impuestos existe un mensaje subliminal que dice, «sigan usando el carro que aquí no pasa nada», este es un pobre paliativo que no incita al ahorro además de colaborar con establecer una mayor demanda sobre la oferta existente de los combustibles en el mercado mundial. Por supuesto que para mejores resultados lo ideal sería la implementación de un plan conjunto de todos los países no productores. Lo que está claro es que no debemos quedarnos de brazos cruzados, no hay que olvidar que una recesión económica generalizada a nivel mundial y esos dólares que ya marcaron su tendencia a la baja (remesas familiares) muy bien podría en su momento, desatar una ola de conflictos en Guatemala de enorme magnitud. Por eso es que lo dramáticamente concluyente, en este caso, es que las medidas de ahorro energético, más que una opción, resultan ser en estos momentos totalmente inevitables.