Además de la crisis financiera de Estados Unidos, la otra gran amenaza que acecha a las economías mundiales, principalmente a las emergentes, es la escalada de los precios del petróleo. En este sentido muchos países ya empezaron a tomar medidas por el peligro que se cierne de un efecto dominó por un derrumbe económico a escala mundial. Algunos aquí en Guatemala han mencionado que en casos como el nuestro, nada se puede hacer. Definitivamente con este tipo de expresiones «cruza brazos» yo nunca estaré de acuerdo, ya que lo peor que se puede hacer es no hacer nada, y con esto tampoco estoy sugiriendo que un país pequeño como Guatemala pueda impermeabilizarse totalmente a los factores exógenos que amenazan nuestra economía. Claro que no, pero bien podemos hacer el mejor esfuerzo por reducir los efectos que los altísimos precios de los combustibles nos van a ocasionar.
Y en este tema de nada sirve lamentarse de los gobiernos «llamaradas de tuza», que como el de Berger, no aprovecharon largos cuatro años para por lo menos dejarnos como herencia un buen plan estratégico de desarrollo energético. Se habló del desarrollo de la industria del Etanol, pero poco o nada en concreto se ha hecho hasta ahora para imitar ese eficiente modelo que ha hecho de Brasil un país ajeno a las angustias de la escalada mundial de los precios del petróleo. Pero ante la situación que estamos viviendo de nada sirve paralizarnos en el grito lamentoso de lo que debió haberse hecho, por eso es que al mismo tiempo de convocar a un Consejo Nacional para el Desarrollo Energético, es urgente que el Estado guatemalteco inicie de inmediato la implementación de medidas de ahorro.
Para empezar considero conveniente y oportuno la reducción de la circulación de vehículos en todo el país como parte de un paquete de medidas para fomentar el ahorro de los derivados del petróleo, cada propietario de vehiculo podría designar un día a la semana, entre lunes y viernes, para no circularlo. La idea del vicepresidente Espada de darle a la población bombillas fluorescentes ahorrativas a cambio de las incandescentes de mayor consumo, también sería otra medida que ayudaría a ahorrar. Otra de las acciones sería anuncios radiales y televisivos para que la ciudadanía empiece a practicar costumbres de ahorro de energía en sus hogares. La distribución en todas las ciudades del país de listados con consejos a los automovilistas para ahorrar combustibles sería otra de las medidas a tomar. Por supuesto, con estas ideas no pretendo engañar a nadie, ya que este tipo de acciones solo constituyen medidas de contención temporal, por eso es que es necesario que dentro de las políticas públicas del actual gobierno, el diseño y la ejecución de un plan serio de desarrollo energético se vuelva prioritario. Y en esta vía el gobierno chileno ya ha promulgado leyes que estimulan la investigación y comercialización de los biocombustibles, no solamente apoyando al sector privado con exenciones fiscales para maquinaria relacionada a esa industria, sino también financiando este tipo de proyectos a mediano y largo plazo. Chile también ha legislado para exonerar de impuestos de importación y circulación a los automóviles ecológicos que se mueven con tecnología híbrida, es decir, vehículos de alto rendimiento que funcionan con motores que combinan electricidad y combustible. Continuará