Es una droga lo de las drogas


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La alocución presidencial causó un importante primer impacto. Es tanto o más que una “idea” lanzada al aire para “ver qué sale”. En nuestra América, la palabra “droga” tiene varios significados, uno de ellos aplicado a cosas o personas molestas: de ahí aquella expresión de que tal cosa, o tal persona es una “droga”. El caso es que el tema de las drogas es molesto e incómodo.

Walter Guillermo del Cid Ramírez
wdelcid@yahoo.com

 


Los defensores de su despenalización se topan con una gran cantidad de argumentos en contra y por su parte los defensores de la lucha antinarcótica, tampoco tienen todas las afirmaciones a su favor.

A mi juicio la llana intención del presidente Otto Pérez Molina, se fundamenta en la necesidad de abordar el tema en todas sus dimensiones. En principio esa es una compleja guerra y como tal, no hay una visión unívoca de la verdad absoluta. Despenalizar el tráfico conlleva un conjunto de acciones que en principio rebasan la capacidad del Estado (de Guatemala) por impedir que otras formas antisociales se manifiesten. Pero fundamentalmente la capacidad reactiva del combate en sí mismo, también es precario, deficiente y de alguna manera alimenta otras patologías sociales cuyo manejo es cada vez más complejo.

En la dimensión política, evidencia la doble moral de la clase dirigente norteamericana. No es posible que ellos pidan aún más esfuerzos, recursos y capital humano en librar esta guerra, cuando en su conjunto por su propia crisis financiera, Estados Unidos de América (el gran consumidor) restringe el financiamiento precisamente para ese combate. En consecuencia y de acuerdo hasta lo aquí planteado, el tema es de por sí simplemente POLÉMICO. Y el presidente Pérez Molina está llevando esa polémica al resto de América Latina. Los índices del consumo de drogas NO han disminuido en los últimos 40 años. Por el contrario, han tenido un aumento sostenido. Eso quiere decir que la restricción, el cierre del entorno de los consumidores no ha sido efectivo. En su propio suelo, los Estados Unidos de América no se hacen merecedores a una calificación plus en la lucha contra el narcotráfico.

Detrás y a la par del mundillo de los estupefacientes, están las armas de ataque y su propio mercado negro. Esos componentes que se emplean para agredir a aquellos que se opongan a su trasiego o que quieran interferir para hacerse del producto y con él de las jugosas ganancias. En nuestro país la polémica ha servido para que conozcamos muchos aspectos que no se lograban dimensionar adecuadamente como el hecho de la amplia circulación de billetes en los propios alrededores de la Wall Street con micropartículas de cocaína, evidenciando que el principal mercado del lavado del dinero proveniente de esta fuente, circula liriamente en las tierras en donde se supone su inocuidad le alejaría de las mafias y los denominados cárteles latinos de la droga.

No tengo la percepción de que la idea haya sido lanzada como una distracción en tanto se aprobase el tema fiscal, o que por el contrario, cuando se agote el tiempo de su debate y el resultado eventualmente pueda ser adverso y se obligue a las fuerzas policiales y militares guatemaltecas a encarar la tal guerra en el marco convencional, llegando a los límites de la denominada “limpieza social”. Repito, no comparto ese tipo de reflexiones. A mi juicio hay una necesidad evidente. La de replantear la forma de encarar esta patología social. El modelo actual, es evidente, está agotado, es insuficiente y no es operante. No es sostenible. Y eso es lo que el Presidente sin decirlo ha provocado en las múltiples reacciones a favor y en contra de la despenalización del tráfico de drogas.

A las drogas se llega por curiosidad. A las drogas se acogen las mentes que pueden ser perturbables por los problemas de índole familiar. Curiosamente en la sociedad en donde se han desarrollado los más complejos y significativos despliegues de tecnología para “comunicar” semejantes a distancias inconcebibles, se producen los más ejemplares alejamientos de los lazos familiares. El problema del uso, abuso y consumo de drogas pasa por la célula social propiamente dicho. Entonces no podemos dejar de lado, el expresar que el combate armado sea suficiente para un flagelo cuyas dimensiones van desde la unidad social, hasta todo tipo de estratos y ámbitos culturales. Debe hablarse con mucha seriedad. Su simple abordaje no es la solución, pero la búsqueda de las soluciones han estar en su franco y abierto debate. De eso se trata esta iniciativa. El resultado no será visualizado en corto plazo, pero es evidente que no puede postergarse por tiempo indefinido su franca y abierta discusión. En ese primer ámbito, el presidente Pérez Molina ha dado un importante paso. Ojalá encuentre el apoyo en su fuero interno y en su círculo de allegados para dar los subsiguientes. PostScript. La semana pasada describía mi sentimiento de oquedad y soledad como consecuencia de mis propios actos. Hoy, aún con el pesar que representan mis desaciertos, espero encontrar la luz que me permita obtener el perdón y poder ver la vida hacia adelante en mi propia unidad familiar. Eso espero.