¡Claro, porque el fracaso de una buena formación educativa para la niñez y la juventud se debe a que seguimos graduando maestros sin la debida preparación académica, y basados en un pénsum de estudios que ya no corresponde a los requerimientos de la época, ni a la urgente necesidad de un sistema eficiente de educación preprimaria, primaria, básica y media, como lo demanda el desarrollo y el progreso del país!
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Comencemos por señalar que año con año los estudiantes que intentan ingresar a las universidades, piden una y otra y muchas más oportunidades para poder ganar las pruebas de admisión, que sirven para medir el nivel de conocimientos con el que llegan los aspirantes, con el propósito de establecer su aptitud y actitud para asumir los estudios superiores. Lo fatal es que “ni a patadas” ganan las pruebas pues reprueban una y otra vez, lo que los lleva a mantener medidas de presión y hasta de hecho para obligar a las autoridades universitarias a concederles “un sinfín de últimas oportunidades”, y así siguen, hasta las de nunca acabar. Lo cierto es que les falta una buena preparación y por eso fracasan en sus intentos por estudiar en la “U”. Entonces, debemos ser realistas y reconocer que la calidad de la educación en Guatemala ni siquiera es mala porque es pésima y sacando conclusiones no son los estudiantes los directamente culpables, sino el sistema obsoleto, caduco e ineficiente con el que son formados y mal preparados los maestros que debieran formarlos de manera más eficiente, porque ellos tienen la obligación de educar e instruir a los niños y jóvenes, pero, actualmente, no saben hacerlo.
Y no pueden hacerlo porque tanto estudiantes como maestros y el sistema siguen en el círculo vicioso de la mal formación y mala instrucción. Los maestros carecen de los conocimientos, técnicas y experiencias vitales para cumplir el invaluable rol de educadores, instructores y verdaderos guías y agentes activos de cambio, para impulsar el desarrollo y superación de la población, porque actualmente son agentes pasivos y negativos poque no saben generar procesos de enseñanza-aprendizaje y al quedar rezagados, solo representan una carga en el presupuesto del Estado, pero sin producir los resultados esperados y así cumplir con su aporte constructivo para el progreso de la nación. Claro, que tampoco podemos pasar inadvertidas todas las carencias del sistema en materiales, mobiliario, infraestructura y recursos económicos. Además, somos el país con el más bajo promedio de escolaridad, que es de apenas 4.5 años. Y a estas alturas de la civilización mundial, solo Guatemala y Haití aún forman maestros de educación en el nivel medio, cuando que en todos los demás países, la formación de maestros corresponde a las universidades. Por todo lo expuesto, es urgente la reforma magisterial, porque si no se hace, será materialmente imposible que Guatemala salga de su largo estancamiento en materria educativa y seguiremos hundidos en las aguas movedizas del subdesarrollo, la miseria y la ignorancia.
En el caso de los estudiantes de magisterio, es oportuno aclararles que en esta etapa de su vida no están preparados para decidir sobre si les conviene o no la reforma educativa magisterial que se está impulsando, sino para formarse como futuros profesionales de la educación, y deben hacerlo poniendo su mayor empeño en lograrlo, para llegar a ser auténticos constructores de una patria mejor para todos los guatemaltecos y para las generaciones que nos sucedan. Por supuesto que en contraposición a esta propuesta han alzado la voz “algunos sabihondos”, que son aquellos que se oponen sistemáticamente a todo, pero que al final no aportan para construir algo mejor, diferente y oportuno, aunque no sea la panacea ni menos el “non plus ultra”. Consideramos que la propuesta de la “formación inicial docente”, presentada por la llamada “Mesa Técnica”, que realizó un trabajo conciliatorio de más de tres años entre representantes del Ministerrio de Educación, Comunidades Normalistas, Asamblea Nacional del Magisterio y la Universidad de San Carlos de Guatemala, así como los estudiantes y padres de familia, merece tomarse en cuenta y llevarla a la práctica.
En cuanto a los padres de familia que dicen oponerse al proyecto, debido a los costos por el aumento de dos años para que sus hijos se graduen de maestros, queremos explicarles que actualmente la carrera de magisterio consta de seis años de estudios con todo y el ciclo de Educación Básica, mientras que con la Reforma Educativa que se ha planteado, serán ocho años, es decir: tres años de la educación básica, dos años del Bachillerato en Ciencias y Letras y tres años en el nivel técnico universitario para optar a la carrerra magisterial, total ocho años. Por lo tanto, para obtener el Diploma de Bachiller en Ciencias y Letras estudiarán cinco años, y con esto, los jóvenes y señoritas estarán preparados para optar a un trabajo o para ingresar a la universidad. Pero, quienes tengan vocación para ser maestros de educación, deberán estudiar tres años más en la universidad para obtener su Diploma del Nivel Técnico Universitario que los calificará como Maestros de Educación Preprimaria, Primaria o Media (conocida también como Secundaria o Nivel Diversificado).
Sin embargo, los padres de familia y estudiantes desinformados o malinformados, insisten en que, ¿como harán sus padres para sufragarles dos años más de estudios y ellos que harán para esperar mayor tiempo para graduarse? Bueno, pues el asunto tiene solución: Primero, el gobierno a través del Ministerio de Educación, pondrá a la disposición de los estudiantes que demuestren interés por superarse y acoger la carrera magisterial, becas de estudio, para que la carga de los gastos no recaiga totalmente en los padres de familia. Además, no todos los alumnos querrán ser maestros, porque no se trata solo de un “tin marín de do pingué”, o de decir, mejor para maestro, porque es lo que la mayoría estudia o, es que si consigo una plaza con el gobierno, ya la hice; sino que se trata de tener la vocación para la formación y educación de niños o jóvenes, y la disposición para abrazar el noble trabajo de guiar al ser humano en el fértil campo de la enseñanza-aprendisaje. ¡Nuestro punto final lo colocamos aquí, remarcando que es absurdo y atentatorio, seguir graduando maestros incapaces para formar a las nuevas generaciones!