Errática forma de proteger el ambiente


El Ministerio de Ambiente hizo un llamado a la población para que se abandone la añeja tradición de quemar basura el dí­a 7 de Diciembre, dí­a en que los guatemaltecos «quemamos al Diablo» y la verdad es que con todo y el daño que representa para el ambiente esa costumbre, extraña que el Ministerio aludido se ocupe tanto de este tema sin mover un dedo para contener otros daños que cotidianamente se hacen a la ecologí­a. Baste señalar que se abandonaron por completo los programas para control de las emisiones de los vehí­culos automotores para demostrar cuán pobre noción se tiene de lo que debe hacerse para proteger el ambiente.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

No digamos la pobreza que hay en cuanto a la aplicación de controles ambientales en proyectos que debieran cumplir con elementales requisitos y que han sido autorizados pese a que se ejecutan en contra del bien común. Entre las fogatas del 7 de Diciembre y la quemazón de cañaverales en la costa sur para facilitar la zafra no hay punto de comparación en términos de lo que pueda ser más dañino para el ambiente no sólo de los guatemaltecos, sino de la humanidad misma.

Yo no soy particular simpatizante de la Quema del Diablo, pero reconozco que se trata de una de esas tradiciones tan propias de nuestro paí­s que debemos preservar. Por supuesto que habrí­a que mandar al bote a quien queme llantas o productos similares, pero preocuparse tanto por erradicar una añeja costumbre no parece adecuado, especialmente porque, repito, no se ve el mismo celo en cuestiones que ocurren todos los dí­as y que resentimos como daños ambientales muy serios.

Entiendo que el Ministro es una de las personas con más credenciales como protector del ambiente y que ha hecho de su vida una devoción a esa causa, pero no creo que vaya a tener mayor impacto su llamado porque a pesar de los pesares y del cambio de hábitos entre los guatemaltecos, hay cosas que perduran. A mí­, personalmente, me parece que mayor daño al ambiente hacen todos los cohetes y artefactos pirotécnicos que proliferan por estas fechas, generando enorme contaminación auditiva además de la puramente ambiental, y sin embargo no creo que se pueda erradicar esa práctica tan chapina de celebrar las navidades metiendo un estruendo que para muchos se vuelve insoportable, pero que entendido en su dimensión tradicional no podemos más que aceptar como parte de lo que somos.

En cambio, en temas como esa terrible contaminación diaria con el humo negro de los motores diésel mal ajustados, es mucho más preocupante y debiera revivir en las autoridades la idea aquella de realizar inspecciones a los motores para asegurar que únicamente circulen los que están en buen estado y por lo tanto no contaminan más de la cuenta. En eso sí­ que el Ministerio debiera ser mucho más exigente y valdrí­a la pena que ahora que mostró una enorme responsabilidad social, la aplique a otras cuestiones que constituyen problemas de todos los dí­as.

Al fin de cuentas, si algo nos hace falta en este paí­s es quemar una y mil veces a esos demonios que andan sueltos y que son los causantes de la desgracia que como guatemaltecos tenemos que sufrir. Y aunque sea simbólicamente, vale la pena que nos comprometamos para seguir quemando diablos.