Erradicar la violencia en un país en donde el crimen organizado, las maras, el narcotráfico, el sistema de justicia, grandes sectores de la iniciativa privada y amplios segmentos institucionales y de gobierno están corrompidos no es tarea de uno, sino de varios gobiernos en fila. Es imposible que una sola persona con recursos limitados pueda hacer desaparecer, mágicamente, lo que se ha enraizado en Guatemala desde hace décadas.
Deben identificarse las causas, porque los efectos y las consecuencias no pueden ser erradicados si no se conocen los orígenes de la violencia. ¿Cómo puede hacerse para que los hijos de los mareros no sigan las huellas de sus padres e inicien su carrera delincuencial? ¿Cómo puede hacerse para que los jueces, por muy neutrales, ecuánimes y justos que sean, no los amenacen para dictaminar legal pero inmoralmente? Es cierto que hay jueces amenazados con cañonazos de cien o ciento cincuenta mil quetzales, muchas veces con menos y muchas veces con mucho más. Eso es parte integral de la violencia: La corrupción.
¿Cómo puede hacerse para que los policías que cambiaron el azadón por un uniforme y un revólver, sin mayores trámites, no usen su autoridad para delinquir en un país acosado por el miedo?
¿Cómo podríamos hacer para que gran parte del elemento humano desechado por el ejército y la guerrilla no sean delincuentes si el oficio que aprendieron es utilizar las armas, poner retenes en carreteras y tomar botines por asalto?
¿Cómo podremos hacer para domesticar a los choferes de camionetas, generadores de violencia, que utilizan esos armatostes como armas de grueso calibre para avasallar a la ciudadanía indefensa, en donde han atropellado y matado a un sinfín de personas utilizando la prepotencia y la fuerza con una impunidad pasmosa que devela la cobardía de los policías de Emetra?
¿Cómo podremos hacer para que cumplan la ley los dueños de gasolineras, supermercados, restaurantes de comida rápida, etcétera, para que eliminen los aparatos de sonido que mantienen encendidos a todo volumen para estupidizar aun más a su clientela, aumentando sistemáticamente los niveles de violencia con esa atormentadora agresión ambiental?
¿Cómo podríamos hacer para que segmentos de prensa, vendida a las cúpulas económicas, deje de atacar de una manera cobarde, violenta y sistemática a la esposa del Presidente de la República, con lo cual persisten en promover el odio, la violencia contra el género femenino y la polarización en Guatemala, en lugar de apaciguar y promocionar la concordia entre los guatemaltecos y guatemaltecas?
¿Cómo pueden esos mismos medios de comunicación escrita, radial y televisada reclamar que la violencia no termina, cuando ellos mismos son coadyuvantes para que la violencia de disperse… se expanda en todos los niveles, simplemente porque a sus patronos no conviene que la violencia termine?
La violencia se genera desde el fondo de los hogares de millones de guatemaltecos y guatemaltecas que quieren buenas autoridades pero que no quieren aportar un ápice de cambio individual en ellos mismos. Esta verdad está fundamentada y a la vista de todos, en la vida diaria de los guatemaltecos.
Son los guatemaltecos, todos, quienes deben hacer el cambio. Nadie más puede hacerlo, únicamente la buena voluntad de los mismos guatemaltecos.
¿En dónde se inicia la violencia? ¿Qué la sustenta? ¿Cómo puede erradicarse? Respóndase el paciente lector y opine en La Hora electrónica en Internet.