Erigen el Fort Bliss


Frontera. Imágen de la frontera entre México y Estados Unidos, en El Paso, Texas. En la entrada, está la inscripción

Fort Bliss, una base militar en el suroeste de Texas (sur de Estados Unidos) que alberga misiles Patriot y otros muchos recursos de defensa para este paí­s en guerra, se está convirtiendo en un proyecto colosal erigido por mexicanos con papeles «de verdad o no».


Se trata de la expansión de una base a lo largo de 4.500 km2 de terreno que además promete convertirse en el puntal de desarrollo de El Paso, una ciudad pobre en la frontera con México.

«Pero al final esas casas y centros comerciales las construimos nosotros los mexicanos, que con papeles de verdad o no, somos los que hacemos esos trabajos aquí­ y en todo Estados Unidos», comentó a la AFP Mario Encinas, un chofer de autobús con familia «trabajando en la base con los papeles de verdad», aclaró.

En esta ciudad de un millón de habitantes, la llegada gradual de miles de soldados aportará puestos de trabajos, residencias en las afueras de la base para militares de diferentes rangos, comercios, restaurantes, campo de golf y centros médicos.

«Esta expansión de la base no tiene nada que ver con una estrategia de refuerzo militar en la frontera ni ningún tema migratorio», señaló Clarke McChesney, director de la Oficina de Transformación de Fort Bliss, cuya población militar pasará de 14.122 soldados en la actualidad, a más de 30.000 en 2011.

Para tal fin, al interior de estos terrenos desérticos del oeste estadounidense, se están construyendo los primeros lotes de viviendas que de forma progresiva serán hogar de familias de militares que están repoblando la ciudad de El Paso, donde el 80% de la población es de origen hispano, según la oficina local de Desarrollo Económico (REDCO).

El costo de esta expansión es de 2.600 millones de dólares y «el impacto económico para El Paso será de 22.000 millones de dólares», sostuvo McChesney, asegurando que todas las obras serán hechas por personas calificadas y con documentos.

«Acá lo que falta son mejores trabajos y eso llegará con la base. Sucederá como el muro (en la frontera con México) que son puros mexicanos los que lo construyen», apuntó Encinas, quien al igual que meseros, campesinos y comerciantes de la zona aplauden este plan en el cual cifran sus esperanzas de ganar más oportunidades laborales.

Desde esta base han salido 3.800 soldados hacia Irak y en el ambiente se siente orgullo por el militar: «Esa es mi hermana, ahora menos mal que ya llegó», dijo un taxista mexicano-estadounidense que llevaba en su vehí­culo el álbum de fotos de la soldado de su familia para mostrarle a los pasajeros.

Esta base ubicada en el extremo suroeste de Texas está a menos de 45 minutos del campo de misiles de White Sands, en el estado vecino de Nuevo México.

«Si uniéramos estos dos terrenos serí­an 295 km de largo, como de Nasiriya a Bagdad», comparó Bob Cook, presidente de la Corporación de Desarrollo Económico de El Paso (REDCO).

El Paso, lugar repleto de contradicciones al estar separado de Ciudad Juárez (México) por solo cinco puentes sobre el Rí­o Grande, es una de las poblaciones más pobres en Estados Unidos, donde el sueldo anual promedio por familia es de poco más de 30.000 dólares, considerado bajo en Estados Unidos.

Sin embargo, la millonaria industria militar y espacial tiene años invirtiendo en esta región, dadas las grandes extensiones de desiertos deshabitados y un espacio aéreo con mí­nima congestión, todo lo cual hace que la población acepte sin cuestionamientos convivir con esas «empresas».

«Estamos ubicados en la frontera entre Estados Unidos y México, una de las áreas internacionales más grandes del mundo, y esto nos da un ambiente único para laboratorios de empresas de seguridad interior para desarrollar tecnologí­as que pueden mejorar al paí­s y la seguridad fronteriza», dijo Cook.