Entregan Nobel de la Paz


Galardonado. Al Gore, ex vicepresidente de Estados Unidos y el nuevo Premio Nobel de la Paz, concedido por su lucha contra el calentamiento global. (AFP / La Hora)

El Nobel de la Paz 2007 fue atribuido hoy al ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, y al Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) que lanzan, cada uno a su manera, la señal de alarma sobre las dramáticas consecuencias del cambio climático.


El premio les fue concedido conjuntamente «por sus esfuerzos de obtención y difusión de informaciones sobre los cambios climáticos provocados por el hombre y por haber puesto las bases para tomar medidas necesarias a la lucha contra estos cambios», declaró en Oslo el presidente del Comité Nobel noruego, Ole Danbolt Mjoes.

Ex vicepresidente de Bill Clinton y derrotado candidato demócrata a la Casa Blanca en 2000, Al Gore, de 59 años, volvió al primer plano polí­tico en 2006 con su libro y documental «Una verdad incómoda» que alerta sobre los peligros del calentamiento del planeta.

Premiado con el Oscar al mejor documental de 2006, el filme, de 96 minutos, contribuyó a divulgar un tema complejo y a sensibilizar a la opinión pública sobre la amenaza climática.

«Es probablemente el individuo que más ha hecho para que comprendamos mejor en todo el mundo las medidas que deben adoptarse», dijo Mjoes.

«El ex futuro presidente de Estados Unidos de América», como Al Gore se presenta a sí­ mismo con ironí­a, fue elegido este año por la revista Time como una de las cien personalidades más influyentes del mundo.

En esa lista no aparece el actual inquilino de la Casa Blanca, el republicano George W. Bush, que derrotó a Gore en 2000.

En Estados Unidos, algunos observadores ya especulan con la posibilidad de que el prestigioso reconocimiento internacional reavive la antigua ambición de Al Gore, cuando falta un año para las presidenciales.

«No nos interesa saber lo que el premiado hará a continuación», señaló por su parte Mjoes, interrogado sobre la posibilidad de un relanzamiento de la carrera polí­tica de Gore.

En cuanto al IPCC, realizando un trabajo meticuloso, este Panel analiza y compila las investigaciones efectuadas por miles de cientí­ficos en todo el mundo.

Sus informes, resultado de delicadas negociaciones entre las delegaciones de los diferentes Estados, sientan una base sólida de conocimientos para los responsables polí­ticos.

En sus principales conclusiones, el IPCC predijo un alza de 1,8 a 4 grados centí­grados de la temperatura media planetaria antes del año 2100, un calentamiento cuyo origen está «muy probablemente» ligado a la actividad humana.

«La acción es necesaria ahora, antes de que el cambio climático no escape al control del hombre», explicó el presidente del Comité Nobel noruego.

Este último ha vuelto a dar una nueva señal de que el campo que abarca el Nobel de la Paz va más allá de la prevención y resolución de conflictos o los esfuerzos de desarme.

Así­, en 2004 se entregó al ecologista keniano Wangari Maathai, y el de 2006 fue para el pionero del microcrédito, el bengalí­ Muhammad Yunus y su Banco Grameen, por su lucha contra la pobreza.

La distinción de Al Gore y del IPCC entre los 181 candidatos en liza este año lanza, además, un fuerte mensaje a la comunidad internacional a pocas semanas de la conferencia de Bali (Indonesia), del 3 al 14 de diciembre.

Esta debe trazar el nuevo plan de compromisos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero más allá de 2012, tras la expiración de la primera fase del protocolo de Kioto. Un texto que Gore negoció para Estados Unidos pero que Bush no ha ratificado.

Estados Unidos es junto a China el principal emisor de dióxido de carbono del planeta.

El Nobel de la Paz es el quinto galardón atribuido esta semana. El premio de Economí­a cerrará el próximo lunes la edición 2007 de los Nobel.

El jueves, la británica Doris Lessing, de 87 años, fue recompensada con el Nobel de Literatura.

Los Nobel nacieron por voluntad del sabio e industrial sueco Alfred Nobel (1833-1896), el inventor de la dinamita, y fueron atribuidos por primera vez en 1901.

Los galardones se entregarán, como es tradición, en una ceremonia oficial, el 10 de diciembre, dí­a del aniversario de la muerte de Alfred Nobel. Los premiados recibirán una medalla de oro, un diploma y un cheque de 10 millones de coronas suecas (1,08 millones de euros, 1,52 millones de dólares).

Los expertos climáticos

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), galardonado hoy con el premio Nobel de la Paz, ha contribuido desde hace 20 años con su trabajo a alertar al mundo sobre los peligros del calentamiento del planeta.

El IPCC, el mayor grupo de expertos sobre el tema, examina, valida y sintetiza el conjunto de trabajos publicados sobre el clima por los investigadores de todo el mundo, sirviendo así­ de correa de transmisión entre la comunidad cientí­fica y los dirigentes polí­ticos.

Su cuarto informe, publicado este año, atribuye el actual calentamiento a las actividades humanas con un 90% de certitud, desarmando las últimas resistencias. Los expertos hablan de un alza de la temperatura media del planeta en 2100 de entre 1,1 y 6,4º, con una horquilla más probable de entre 1,8 y 4 grados.

«La urgencia es evidente. Está muy claro que no hablamos de un cambio climático en un futuro cercano, sino que nos afecta ya», subrayó hace unos meses el presidente del IPCC, el indio Rajendra Pachauri, deseando que «la comunidad internacional empiece, sobre esta base, a avanzar en la buena dirección».

El IPCC fue creado en 1988 por la Organización Meteorológica Mundial y el Programa sobre el Medio Ambiente de Naciones Unidas (PNUE), a petición del grupo de los siete paí­ses más industrializados (G7, convertido después en G8) y publicó su primer informe en 1990. Los siguientes fueron en 1995, 2001 y 2007.

Está compuesto por tres grupos de trabajo, encargados respectivamente de los aspectos cientí­ficos del cambio climático, de las consecuencias previsibles del fenómeno y de sus impactos económicos y sanitarios, y de las posibilidades de adaptarse y atenuarlo. Cada uno de estos grupos reúne a más de mil expertos, que validan los trabajos de sus colegas.

A partir de cada informe se elabora un «resumen destinado a los dirigentes», una sí­ntesis de unas quince páginas cuyos términos son duramente negociados y adoptados por consenso por el conjunto de Estados miembros de la ONU.

Este proceso significa que los informes del IPCC representan el menor común denominador sobre el que la comunidad internacional ha logrado ponerse de acuerdo.

Este año, el IPCC confirmó y precisó la amplitud del calentamiento, su aceleración -la temperatura media del planeta ya ganó 0,74º C en cien años- y el cortejo de perturbaciones y dramas que nos depara: oleadas de calor, inundaciones, hambrunas, sequí­as…

Consciente de la urgencia, el secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, organizó por primera vez en septiembre en Nueva York una cumbre sobre el clima en presencia de más de 70 jefes de Estado y lanzó una advertencia.

«Ha pasado el tiempo de las dudas. El IPCC afirmó sin equí­vocos que nuestro sistema climático se calienta y que es directamente debido a las actividades humanas: la respuesta que le demos definirá nuestra época y determinará la herencia que dejaremos a las generaciones futuras».

La revancha de Al Gore

Querí­a ser presidente y se ha convertido en Nobel de la Paz: para Al Gore, ex vicepresidente de Estados Unidos y derrotado candidato a la Casa Blanca, el prestigioso premio que le fue atribuido hoy en Oslo tendrá sin duda alguna un sabor de revancha.

El premio le fue otorgado conjuntamente con el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés).

A los 59 años, el ex vicepresidente estadounidense y derrotado candidato a la Casa Blanca en 2000 parece haber pasado la página en sus ambiciones polí­ticas, pese a que sus partidarios siguen deseando que se presente a las presidenciales de 2008.

Tras el largo silencio que siguió a su derrota frente a George W. Bush, Al Gore se consagró al que ahora ya considera el objetivo de su vida: la lucha contra el calentamiento climático.

A menudo descrito como un trabajador incansable de gran moralidad pero poco carisma, muchos fueron los que dudaron de que pudiese superar esa imagen de «perdedor» que le quedó tras su derrota frente a Bush.

Sin embargo, Al Gore se supo reinventar con una pasión inusitada en aras de su nueva causa.

Así­, se implicó a fondo en la lucha contra el calentamiento climático, popularizando la amenaza que éste representa con su documental «Una verdad incómoda».

Ese documental convirtió en una estrella a un Gore más relajado, después de que el filmado ganase los Oscar de 2006 a la mejor canción y al mejor documental.

Convertido en paladí­n de la defensa del medio ambiente, cortejado por los jefes de Estado de todo el planeta, Gore fue otra de las estrellas que junto a divos de la música ofrecieron los dos conciertos «Live Earth» de Washington y Nueva York del pasado verano (boreal).

En estos marcos, pidió a los espectadores que se unieran a su compromiso en favor de la Tierra, al tiempo que presionó a los gobiernos a tomar medidas drásticas para limitar las emisiones de gas con efecto invernadero.

Calificado por sus seguidores como «el ex vicepresidente estadounidense más simpático», él se declara «desenamorado» de la polí­tica, donde los candidatos deben limitar su mensaje a una frase para los telediarios de la noche.

Gore, hijo de un parlamentario que pasó más de 30 años en el Congreso, empezó su propia carrera polí­tica a los 28 años, tras un breve paso por el periodismo.

Elegido primero diputado de Tennessee, se convirtió en senador de dicho estado a los 36 años y en vicepresidente a los 44, tras una primera tentativa fracasada de candidatura a la presidencia en 1988, cuando no logró la investidura demócrata.

Todos los expertos concuerdan en afirmar que este hombre moreno y atlético, de 1,85 m, de estatura y que con el paso de los años se ha hecho más corpulento, hizo evolucionar la función de vicepresidente de un papel honorí­fico a una participación activa y decisional.

En ese cargo siempre supo imponer sus conocimientos en materia de medio ambiente y nuevas tecnologí­as, por lo que Bill Clinton delegó en sus manos sectores como las telecomunicaciones, el programa espacial o las relaciones con Rusia.

En las presidenciales de 2000 luchó en vano durante cinco semanas para lograr el recuento de votos en ciertos condados de Florida, el estado del que dependió al final la elección presidencial.

Su mujer, Tipper, con la que ha tenido cuatro hijos, está siempre a su lado en los actos públicos.

«Sus contribuciones para prevenir el cambio climático han despertado la atención de todo el mundo. Hago un llamamiento a todos nuestros socios a tomar este premio Nobel de la Paz como un aliento para afrontar este desafí­o con más decisión y rapidez.»

José Manuel Durao Barroso

presidente de la Comisión Europea

«Estoy profundamente honrado de recibir el Premio Nobel de la Paz. Este premio es mucho más significativo porque tengo el honor de compartirlo con el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático –el cuerpo cientí­fico preeminente del mundo sobre la crisis climática– un grupo cuyos miembros han trabajado infatigable y desinteresadamente durante varios años.»

Al Gore

Ex vicepresidente estadounidense

«El Secretario General destaca que en gran medida gracias a los lúcidos y bien documentados hallazgos del IPCC, ahora se establece más allá de duda que el cambio climático está ocurriendo y que gran parte de él es causado por actividad humana. Como resultado, ahora hay un momento sin precedentes para una acción sobre el cambio climático alrededor del mundo y reconocimiento de la ONU como un foro para alcanzar acuerdos sobre esto.»

Comunicado de Ban Ki-moon

secretario general de la ONU